sábado, 31 de diciembre de 2011

mucho medio y poco contenido.



Vocerío digital vs. democracia
ROMÁN GUBERN


El escandaloso frenazo a la ley Sinde en el último Consejo de Ministros socialista, para pasar la patata caliente al Gobierno del PP, fue una decisión de gran calado y ribetes escandalosos. La razón confesa de esta omisión fue la de evitar la propagación de un incendio en las redes sociales, alzado con su ira virtual irradiada contra la supuesta censura en la Red. De manera que se concede a Twitter el estatuto de un Quinto Poder, mucho más eficaz que el arcaico Cuarto Poder gutenbergiano.
"Mucho ruido no significa legitimidad política. Es un grave error doblegarse"
Es cierto que las redes sociales se han erigido en un poderoso poder fáctico que, incluso en los países del Magreb, en vías de desarrollo según el lenguaje políticamente correcto de la ONU, han suplido la carencia de estructuras democráticas para derribar a sus tiranos locales. Cierto, Internet propaga sus mensajes a la velocidad de la luz y sus usuarios -los jóvenes- constituyen el segmento más dinámico de aquellas sociedades. Y sería un error ignorar estas corrientes de opinión, que en este año electoral emergieron también en nuestra Puerta del Sol y llegaron a contaminar a Wall Street. Muchos hemos aplaudido en un momento u otro algunas de sus legítimas protestas, pero pasadas las elecciones legislativas se ha demostrado que las emociones no son suficientes para vertebrar cambios políticos democráticos en las sociedades posindustriales.
Hace unos años distinguíamos cuidadosamente la opinión pública de la opinión publicada. Ahora habrá que afinar la distinción incluyendo la opinión pantallizada. Internet propaga sus mensajes a la velocidad de la luz, obviando las máquinas impresoras y el transporte del papel.
Pero los mensajes de Twitter, más ágiles y veloces, no suponen un dogma infalible con poder para coartar las decisiones legítimas de los Gobiernos democráticos. Los internautas no poseen la legitimación de los parlamentarios, pues se representan a sí mismos -no a los electores- en un magma digital. Si esto es cierto en todos los países, lo es más si cabe en España, cuyo desarrollo informático ocupa el humilde lugar 17 entre los países europeos (detrás de Lituania, Malta o Irlanda), pero es el primero en piratería digital. Mucho ruido no significa legitimidad política y es un grave error doblegar las decisiones democráticas por miedo al vocerío irresponsable y con aureola ácrata. Con la vergonzante claudicación del Gobierno ocurre lo mismo que con la censura: se sabe cómo empieza pero no dónde acaba.
Gubern es historiador de los medios de comunicación.

OJO con los satisfechos y con los que no tienen frio...... OJO

Esperanzas racionales para un futuro mejor
La confianza ciega en el capitalismo puro disminuye en Estados Unidos. Los adultos jóvenes ya no están tan convencidos de que sea el modelo ideal para siempre jamás. Empiezan a surgir experiencias alternativas
Por naturaleza soy bastante optimista, pero la primera década del siglo XXI ha puesto enormemente a prueba esa tendencia natural.
El secuestro en 2000 de las elecciones presidenciales estadounidenses por parte del Tribunal Supremo, supuesto garante del orden constitucional en Estados Unidos; el crimen contra la humanidad del 11 de septiembre de 2011, que cometieron unos terroristas islamistas; la invasión de Irak, amparada en ideas completamente equivocadas sobre la responsabilidad de ese país en los atentados y sobre su supuesto arsenal de “armas de destrucción masiva”; la negativa a tomar medidas de relevancia para minimizar el cambio climático o la decidida eliminación por parte de Wall Street y de los funcionarios del Gobierno federal de los necesarios controles a la especulación introducidos por el New Deal en la década de 1930, son solo algunos de los fenómenos que, por decirlo de forma suave, me han hecho dudar de las motivaciones y mecanismos mentales de nuestros dirigentes políticos.
El 15 de diciembre pasado apareció en The New York Times un artículo que me llevó a contemplar el futuro de la raza humana con un ligero optimismo. Se titulaba ¡
Trabajadores-propietarios de Estados Unidos, uníos!, y su autor, Gar Alperovitz, es profesor de Economía Política en la Universidad de Maryland. No le conozco personalmente, pero hace tiempo que le admiro, por haber publicado en 1995 The decision to use the atomic bomb [La decisión de utilizar la bomba atómica] un estudio muy documentado, que no solo demostraba el peso de los deseos de venganza por el ataque contra Pearl Harbor y la necesidad de salvar vidas de estadounidenses, haciendo innecesaria una invasión terrestre de Japón, sino que también explicitaba las motivaciones y consejos de los muchos científicos, militares y políticos que estaban a favor de lanzar la bomba en una zona poco poblada para demostrar a los japoneses el increíble poder de destrucción de la nueva arma sin necesidad de acabar con la vida de decenas de miles de personas inocentes.
El artículo del profesor Alperovitz en The New York Times evalúa la importancia de varias tendencias políticas de los últimos años que prácticamente nadie ha mencionado mientras el debate público se centraba en los planes de austeridad, la recapitalización bancaria, las ventajas y desventajas de recuperar las leyes reguladoras que mantuvieron las tácticas de Wall Street en niveles relativamente honrados entre 1940 y 1980, las considerables reducciones de las políticas de bienestar aplicadas después de la II Guerra Mundial en los países más desarrollados, y las políticas financieras de las grandes potencias y de la Unión Europea.
El cooperativismo progresa en Estados Unidos. Ya incluye a 30 millones de adultos
A continuación figuran algunos de los datos económicos e ideológicos que el profesor Alperovitz evalúa. En torno a 30 millones de adultos estadounidenses (de un total de 311 millones de habitantes) son copropietarios de empresas del tercer sector o de cooperativas de crédito. “Más de 13 millones de estadounidenses se han convertido en trabajadores-propietarios de más de 11.000 empresas pertenecientes a sus empleados, seis millones más del total de afiliados a sindicatos del sector privado”. En la Cleveland actual, una ciudad muy afectada por la decadencia de la industria metalúrgica de EE UU a finales del siglo XX, existe “un grupo integrado de empresas cooperativas, que en parte se mantiene por la capacidad de compra de grandes hospitales y universidades, lleva la voz cantante en la instalación local de paneles de energía solar, así como en la organización de servicios de lavandería verde y de un invernadero hidropónico de uso comercial, capaz de producir más de 13 millones de lechugas al año”.
Muchos Gobiernos municipales y estatales están invirtiendo en nuevos negocios locales y adquiriendo parte de los mismos. En la actualidad, unos 14 Estados están barajando seguir el ejemplo de Dakota del Norte, que gestiona eficazmente un banco público, lo cual permite a los empresarios solicitar créditos en su entorno, sin tener que recurrir a entidades lejanas y controladas por Wall Street. El autor añade también que unos 15 Estados están pensando organizar “algún tipo de sistema sanitario centralizado o de sanidad pública”.
A la luz de los ejemplos concretos que da el artículo, queda claro que en realidad solo una parte muy pequeña de la economía estadounidense utiliza las técnicas de gestión cooperativa, alabadas por el autor, que se basan en que el trabajador también sea propietario de su empresa. Por otra parte, creo que aplicar diversos planes de asistencia sanitaria centralizada en varios de los 50 Estados norteamericanos sería una pesadilla para los ciudadanos que se trasladaran de uno a otro. Sin embargo, desde el punto de vista práctico, la introducción de planes estatales independientes sí podría ser útil para proporcionar unos pocos años de experiencia con normas diferentes, lo cual podría ayudarnos a decidir qué características son preferibles para un plan sanitario federal o nacional. Además, un plan de atención sanitaria centralizado para todo el país solo será viable cuando los estadounidenses superen, tanto los ridículos prejuicios que dictan que la gestión privada siempre es mejor que la pública como la disposición a preguntarse siquiera por qué en las últimas décadas las estadísticas sanitarias de muchos países con sistemas de salud nacionales son mejores que las estadounidenses.
En sus conclusiones provisionales, el profesor Alperovitz escribe que “aunque hace tiempo que la población estadounidense es partidaria del modelo capitalista, puede que eso también esté cambiando. En 2009, una encuesta Rasmussen indicó que los estadounidenses menores de 30 años estaban “divididos en dos mitades equiparables” en lo tocante a si preferían el capitalismo o el socialismo”. Esta referencia me parece desconcertante, porque la encuesta Rasmussen, que donde más se cita es en los noticiarios de la conservadora cadena Fox, ha sido criticada por muchas otras empresas demoscópicas, que la acusan de exagerar los porcentajes de sentimiento partidista republicano entre la población de EE UU.

Unos 14 Estados barajanseguir el ejemplo deDakota del Norte, que gestiona un banco público
Sin embargo, es bastante posible que desde el punto de vista de Rasmussen sea importante advertir a los amos capitalistas de que, en proporción, los adultos jóvenes no son tan antisocialistas como sus padres. Cuando el imperio soviético se derrumbó entre 1989 y 1990, afortunadamente sin mucha violencia, los intelectuales conservadores de Estados Unidos celebraron “el fin de la historia”, queriendo decir que la derrota soviética en la guerra fría demostraba que el capitalismo era el único modelo de desarrollo político-económico exitoso y que, con ligeras modificaciones, serviría de patrón principal para el conjunto del futuro humano.
No obstante, por desgracia, quienes dominaban la política estadounidense y británica en la década de 1990 no incluyeron entre sus ejemplos de modelos de futuro exitosos los de los países escandinavos. En su opinión, el Estado de bienestar había sido necesario para combatir los supuestos atractivos del modelo soviético. Cuando este fracasó de forma espectacular y total, pensaron que había llegado el momento de reducir los servicios sociales introducidos en sus países después de la II Guerra Mundial.
Yo creo que lo que el mundo necesita es una combinación flexible, que conjugue el capitalismo regulado que ejemplifica el New Deal estadounidense con los servicios sociales de los que curiosamente fue pionera la Alemania imperial de finales del siglo XIX y que los Gobiernos escandinavos del siglo XX desarrollaron, convirtiéndolos en norma. Hoy en día, y todavía más en el futuro próximo, el hecho de que la población mundial crezca con rapidez hace absolutamente necesario algún tipo de planificación a escala mundial para la utilización de unos recursos naturales limitados y para controlar de algún modo el cambio climático. También necesitamos desarrollar a escala internacional la economía cooperativa que el profesor Alperovitz nos dice que está aumentando en Estados Unidos con la intención de superar el desastre económico de 2008. Es una conjunción de elementos en modo alguno fácil, pero sí necesaria.

sábado, 17 de diciembre de 2011

OBEDIENCIA O EVOLUCIÓN.



Tamayo dice que la Iglesia "prefiere la obediencia al Papa que a Jesús"
FERNANDO VALVERDE
El teólogo Juan José Tamayo inauguró ayer en Granada el curso Fundamentalismo, violencia y terror, organizado por el Centro Mediterráneo de la Universidad de Granada, con una conferencia homónima a su libro Fundamentalismos y diálogo entre religiones. Tamayo, que justificó su asistencia al curso porque "hablar de fundamentalismo es un caso de responsabilidad ciudadana", explicó este fenómeno surgió en EE UU en el contexto del protestantismo evangélico "para defender las verdades fundamentales de la fe de una manera literal ya que se veían amenazadas por la ideología liberal".
Tamayo se mostró sorprendido de que este término se relacione únicamente con el Islam ya que, en su opinión, "el fundamentalismo está instalado en la cúpula del Vaticano que coloca el dogma por delante del evangelio". A lo que añadió que "ningún fundador de religiones, ni Jesús, empezó definiendo dogmas sino que las religiones los impusieron después". El teólogo sorprendió a parte de los asistentes cuando afirmó que la Iglesia "prefiere la obediencia al Papa que a Jesús".
Tamayo advirtió de la existencia de otros fundamentalismos que tienden a instalarse en las cúpulas de los sistemas. "Creo que se ha instalado en la cabeza del imperio, y su figura más visible es George Bush". El fundamentalismo político y religioso viene agravado, según Tamayo, por la existencia de otro cultural que proclama "la absolutización de la cultura occidental porque algunos la creen superior y quieren imponerla".

viernes, 16 de diciembre de 2011

¡¡¡IGNORAMOS NUESTRA VERDADERA ESTATURA HASTA QUE NOS PONEMOS DE PIE!!!

Debacle ética global y el papel de Europa
En la década de los ochenta se aceptó sustituir los principios democráticos por las leyes mercantiles. Ahora,el poder se aleja de Occidente y las batallas que hay que ganar no son económicas sino, sobre todo, políticas
“Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie”
Emily Dickinson
Ni un día más de rodillas. Ni un día más acosados por los mercados. La política debe alzarse.
El mundo a la deriva, porque en lugar de “Nosotros, los pueblos…” de la Carta de las Naciones Unidas y las referencias éticas establecidas por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aceptó en la década de los ochenta del siglo pasado sustituir los principios democráticos —tan bien establecidos por la Constitución de la Unesco— por las leyes mercantiles. Las Naciones Unidas se sustituyeron por grupos plutocráticos (G-7, G-8… G-20), pretendiendo gobernar el conjunto de la humanidad por los países ricos.
Una "Declaración Universal de la Democracia" sería ahora especialmente oportuna
El desastre está a la vista. Una crisis múltiple —social, política, alimenticia, medioambiental…— y desconcierto generalizado. El gran dominio (militar, financiero, energético y mediático) favorece todavía, en su fase terminal, una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra en lugar de una economía de desarrollo global sostenible. Se invierten cada día 4.000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas. Esta situación no afecta solo a los países más rezagados. En Estados Unidos hay más de 20 millones de parados, el doble de pobres y casi 50 millones sin seguridad sanitaria. Hay mucho que enmendar. De China, el gran país comunista-capitalista de la Tierra, por la deslocalización productiva guiada por la codicia, poco sabemos. No queremos conocer el “otro lado de la moneda”.
Europa y Estados Unidos deben cambiar de paradigma económico muy rápidamente. Estados Unidos ha elegido recientemente un camino mejor, después del fiasco del “rescate” de las instituciones financieras: incentivos para la producción, inyección de fondos, escalonamiento en el tiempo de la formalización del déficit acumulado… La crisis financiera ha dado paso a la crisis de la deuda soberana. El euro no puede competir con el dólar o el yuan porque ambas monedas —como sucede con la libra en el seno de la Unión Europea— pueden “fabricarse” a voluntad. Y se cumple la paradoja de que China es el único país que puede ofrecer abundante liquidez.
El poder se aleja de Occidente. Para corregir las presentes tendencias, Richard Youngs, en su libro sobre el declive de Europa propone una “UE más abierta, internacionalista y universal en sus valores”. Y añade: “Es urgente poner en práctica políticas adecuadas para enderezar las presentes tendencias en cinco áreas: multilateralismo, seguridad, identidad, valores democráticos y economía”. Las batallas que hay que apresurarse a ganar no son económicas sino, sobre todo, políticas. Como resultado de la crisis, el G-20 ha desplazado al G-8… que ha intentado, sin éxito, llevar las riendas de la economía mundial, con un claro predominio europeo, ahora diluido.
Europa puede hoy dar al mundo el mensaje de los grandes referentes de la acción política
Sucede que con frecuencia analizamos las consecuencias, pero no las causas: la ambición hegemónica representada sobre todo por el presidente Ronald Reagan y la primera ministra Margaret Thatcher en los años ochenta; la sustitución de los valores democráticos por el mercado; la gobernación plutocrática; la corrupción; las burbujas… En Europa nos hemos quedado en CEE, en una comunidad económica asimétrica y sin pautas de interacción y equilibrio. La Unión Europea no puede ser solo un título sino una realidad. Con carácter de urgencia. Y, para ello, el pluralismo y la diversidad que son la riqueza cultural y creadora de Europa, deben aunarse alrededor de unos valores éticos comúnmente aceptados, que constituyen la inmensa fuerza potencial de Europa. Es imperativo ser Unión Europea. A estos efectos, debe federarse y aceptar, como corresponde a una estructuración política de esta índole, una serie de directrices inherentes a la Unión: en política exterior, en política de seguridad, en política fiscal y económica, en ordenamiento jurídico, en prioridades básicas (salud, medio ambiente…). Este “compromiso federal” exigiría, entre otras cosas, que los representantes en el Parlamento Europeo fueran votados en unos comicios en los que la participación mínima fuera del 51%. Lo que sucede hoy con la representatividad de muchos de los miembros del Parlamento es un auténtico escándalo y una afrenta a la “democracia”.
Concretamente:
— Reducción de los medios destinados a armamento y gastos militares, con una política europea de seguridad que evite la obligación de adquirir artefactos propios de guerra pretéritas y permitir a Europa ser un gran interlocutor de Estados Unidos, Rusia y China, especialmente, no solo para evitar conflictos sino para luchar contra el terrorismo y el crimen organizado.
— Promover alianzas internacionales y contribuir a la refundación de un Sistema de Naciones Unidas adaptado a la gobernación mundial, dotado de los recursos personales, financieros y técnicos adecuados. La inclusión de la Organización Mundial del Comercio y de las instituciones de Bretton Woods a las nuevas Naciones Unidas permitiría recuperar las funciones que exigen coordinación global (catástrofes naturales o provocadas; medio ambiente; respeto al derecho internacional, evitando la actual impunidad…). La modernización del multilateralismo implica incorporar representantes de la sociedad civil a la Asamblea General y demás órganos, y disponer —sin veto pero con votación ponderada— de dos Consejos de Seguridad adicionales: Consejo de Seguridad Socioeconómico y Consejo de Seguridad Medioambiental.
— Regulación de los flujos financieros a escala mundial, con inmediata desaparición de los paraísos fiscales, máximo exponente de la insolidaridad social a escala local y colectiva.
— Financiación económica y fiscal, con emisión de eurobonos y avales, evitando asimetrías y comportamientos indebidos en el seno de la Unión.
— Fuentes de financiación alternativa dedicadas sobre todo a la cooperación internacional, lucha contra la pobreza y en favor de la igualdad, ayuda al desarrollo y a la innovación.
— Educación, que forme a ciudadanos “libres y responsables”.
— Adoptar políticas de educación ciudadana y atención sanitaria cuando así se requiera, de tal modo que el consumo de alcohol, tabaco y drogas, dependa de la responsabilidad ciudadana, sin limitar el acceso por el precio, que estimula el tráfico ilegal y carece de efecto disuasorio alguno.
— Políticas de integración y respeto a la igual dignidad ciudadana. Es precisamente en tiempos de crisis cuando no debe abdicarse de los valores éticos esenciales.
— Energías renovables y fomento de la agricultura, pero disminuyendo los subsidios agrícolas tradicionales que llegan a ser ocho o 10 veces superiores a lo invertido en I+D+i.
— Observatorio de evaluación y calificación económica, de gran rigor.
— Relocalización ponderada de la economía productiva.
— Evitar la evasión fiscal y la economía sumergida…
Corresponde a Europa el gran papel de restablecer las referencias éticas universales de la acción política, a través de los derechos humanos, y procurar el establecimiento de democracias firmes y eficaces en todo el mundo, no como un “modelo occidental” sino como “principios” aceptados a escala planetaria. Una Declaración Universal de la Democracia, podría ser ahora —como lo fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948— especialmente oportuna. Cito de nuevo a Youngs: “Debilitar el apoyo europeo a los derechos humanos y la democracia es una de las dimensiones más desalentadoras de la deriva de Europa”. El Consejo de Europa y la Unión Interparlamentaria podrían aportar los esfuerzos ya realizados a este respecto, para que en muy poco tiempo fuera posible disponer de un texto que orientara los rumbos de la gobernación mundial y liberara a los políticos del acoso actual de los mercados.
Los problemas globales que afecten al destino común requieren soluciones basadas en principios globales.
Un aspecto a destacar, muy positivo, porque representa, por fin, la capacidad de expresión popular y dejar de ser espectadores pasando a ser ciudadanos participativos, es el de las movilizaciones a favor de sistemas plurales, con una mayor contribución popular a la toma de decisiones, gracias a lo moderna tecnología de la información y la comunicación. Hay que escuchar su voz.
Europa puede hoy, ahora, puesta en pie, dar al mundo en su conjunto —tan necesitado de horizontes y asideros éticos— el mensaje de los grandes referentes de la acción política.
Es tiempo de alzarse.
Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz.

jueves, 15 de diciembre de 2011

¿ÉTICA? ¡¡¡Para qué!!!



Europa frente a la quiebra de la ética global
En la década de los ochenta se aceptó sustituir los principios democráticos por las leyes mercantiles. Ahora, el poder se aleja de Occidente y las batallas que hay que ganar no son económicas sino, sobre todo, políticas
FEDERICO MAYOR ZARAGOZA
"Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie

Una "Declaración Universal de la Democracia" sería ahora

especialmente oportuna
Europa puede hoy dar al mundo el mensaje de los grandes referentes de la acción política
Emily Dickinson
Ni un día más de rodillas. Ni un día más acosados por los mercados. La política debe alzarse.
El mundo a la deriva porque, en lugar de "Nosotros, los pueblos..." de la Carta de las Naciones Unidas y las referencias éticas establecidas por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aceptó en la década de los ochenta del siglo pasado sustituir los principios democráticos -tan bien establecidos por la Constitución de la Unesco- por las leyes mercantiles. Las Naciones Unidas se sustituyeron por grupos plutocráticos (G-7, G-8... G-20), pretendiendo gobernar el conjunto de la humanidad por los países ricos.
El desastre está a la vista. Una crisis múltiple -social, política, alimenticia, medioambiental...- y desconcierto generalizado. El gran dominio (militar, financiero, energético y mediático) favorece todavía, en su fase terminal, una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra en lugar de una economía de desarrollo global sostenible. Se invierten cada día 4.000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas. Esta situación no afecta solo a los países más rezagados. En Estados Unidos hay más de 20 millones de parados, el doble de pobres y casi 50 millones sin seguridad sanitaria. Hay mucho que enmendar. De China, el gran país comunista-capitalista de la Tierra, por la deslocalización productiva guiada por la codicia, poco sabemos. No queremos conocer el "otro lado de la moneda".
Europa y Estados Unidos deben cambiar de paradigma económico muy rápidamente. Estados Unidos ha elegido recientemente un camino mejor, después del fiasco del "rescate" de las instituciones financieras: incentivos para la producción, inyección de fondos, escalonamiento en el tiempo de la formalización del déficit acumulado... La crisis financiera ha dado paso a la crisis de la deuda soberana. El euro no puede competir con el dólar o el yuan porque ambas monedas -como sucede con la libra en el seno de la Unión Europea- pueden "fabricarse" a voluntad. Y se cumple la paradoja de que China es el único país que puede ofrecer abundante liquidez.
El poder se aleja de Occidente. Para corregir las presentes tendencias, Richard Youngs, en su libro sobre el declive de Europa propone una "UE más abierta, internacionalista y universal en sus valores". Y añade: "Es urgente poner en práctica políticas adecuadas para enderezar las presentes tendencias en cinco áreas: multilateralismo, seguridad, identidad, valores democráticos y economía". Las batallas que hay que apresurarse a ganar no son económicas sino, sobre todo, políticas. Como resultado de la crisis, el G-20 ha desplazado al G-8... que ha intentado, sin éxito, llevar las riendas de la economía mundial, con un claro predominio europeo, ahora diluido.
Sucede que con frecuencia analizamos las consecuencias, pero no las causas: la ambición hegemónica representada sobre todo por el presidente Ronald Reagan y la primera ministra Margaret Thatcher en los años ochenta; la sustitución de los valores democráticos por el mercado; la gobernación plutocrática; la corrupción; las burbujas... En Europa nos hemos quedado en CEE, en una comunidad económica asimétrica y sin pautas de interacción y equilibrio. La Unión Europea no puede ser solo un título sino una realidad. Con carácter de urgencia. Y, para ello, el pluralismo y la diversidad que son la riqueza cultural y creadora de Europa, deben aunarse alrededor de unos valores éticos comúnmente aceptados, que constituyen la inmensa fuerza potencial de Europa. Es imperativo ser Unión Europea. A estos efectos, debe federarse y aceptar, como corresponde a una estructuración política de esta índole, una serie de directrices inherentes a la Unión: en política exterior, en política de seguridad, en política fiscal y económica, en ordenamiento jurídico, en prioridades básicas (salud, medio ambiente...). Este "compromiso federal" exigiría, entre otras cosas, que los representantes en el Parlamento Europeo fueran votados en unos comicios en los que la participación mínima fuera del 51%. Lo que sucede hoy con la representatividad de muchos de los miembros del Parlamento es un auténtico escándalo y una afrenta a la "democracia".
Concretamente:
- Reducción de los medios destinados a armamento y gastos militares, con una política europea de seguridad que evite la obligación de adquirir artefactos propios de guerra pretéritas y permitir a Europa ser un gran interlocutor de Estados Unidos, Rusia y China, especialmente, no solo para evitar conflictos sino para luchar contra el terrorismo y el crimen organizado.
- Promover alianzas internacionales y contribuir a la refundación de un Sistema de Naciones Unidas adaptado a la gobernación mundial, dotado de los recursos personales, financieros y técnicos adecuados. La inclusión de la Organización Mundial del Comercio y de las instituciones de Bretton Woods a las nuevas Naciones Unidas permitiría recuperar las funciones que exigen coordinación global (catástrofes naturales o provocadas; medio ambiente; respeto al derecho internacional, evitando la actual impunidad...). La modernización del multilateralismo implica incorporar representantes de la sociedad civil a la Asamblea General y demás órganos, y disponer -sin veto pero con votación ponderada- de dos Consejos de Seguridad adicionales: Consejo de Seguridad Socioeconómico y Consejo de Seguridad Medioambiental.
- Regulación de los flujos financieros a escala mundial, con inmediata desaparición de los paraísos fiscales, máximo exponente de la insolidaridad social a escala local y colectiva.
- Financiación económica y fiscal, con emisión de eurobonos y avales, evitando asimetrías y comportamientos indebidos en el seno de la Unión.
- Fuentes de financiación alternativa dedicadas sobre todo a la cooperación internacional, lucha contra la pobreza y en favor de la igualdad, ayuda al desarrollo y a la innovación.
- Educación, que forme a ciudadanos "libres y responsables".
- Adoptar políticas de educación ciudadana y atención sanitaria cuando así se requiera, de tal modo que el consumo de alcohol, tabaco y drogas, dependa de la responsabilidad ciudadana, sin limitar el acceso por el precio, que estimula el tráfico ilegal y carece de efecto disuasorio alguno.
- Políticas de integración y respeto a la igual dignidad ciudadana. Es precisamente en tiempos de crisis cuando no debe abdicarse de los valores éticos esenciales.
- Energías renovables y fomento de la agricultura, pero disminuyendo los subsidios agrícolas tradicionales que llegan a ser ocho o 10 veces superiores a lo invertido en I+D+i.
- Observatorio de evaluación y calificación económica, de gran rigor.
- Relocalización ponderada de la economía productiva.
- Evitar la evasión fiscal y la economía sumergida...
Corresponde a Europa el gran papel de restablecer las referencias éticas universales de la acción política, a través de los derechos humanos, y procurar el establecimiento de democracias firmes y eficaces en todo el mundo, no como un "modelo occidental" sino como "principios" aceptados a escala planetaria. Una Declaración Universal de la Democracia, podría ser ahora -como lo fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948- especialmente oportuna. Cito de nuevo a Youngs: "Debilitar el apoyo europeo a los derechos humanos y la democracia es una de las dimensiones más desalentadoras de la deriva de Europa". El Consejo de Europa y la Unión Interparlamentaria podrían aportar los esfuerzos ya realizados a este respecto, para que en muy poco tiempo fuera posible disponer de un texto que orientara los rumbos de la gobernación mundial y liberara a los políticos del acoso actual de los mercados.
Los problemas globales que afecten al destino común requieren soluciones basadas en principios globales.
Un aspecto a destacar, muy positivo, porque representa, por fin, la capacidad de expresión popular y dejar de ser espectadores pasando a ser ciudadanos participativos, es el de las movilizaciones a favor de sistemas plurales, con una mayor contribución popular a la toma de decisiones, gracias a lo moderna tecnología de la información y la comunicación. Hay que escuchar su voz.
Europa puede hoy, ahora, puesta en pie, dar al mundo en su conjunto -tan necesitado de horizontes y asideros éticos- el mensaje de los grandes referentes de la acción política.
Es tiempo de alzarse.
Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz.

martes, 13 de diciembre de 2011

TURQUÍA Y EL ESCENARIO ÁRABE.



Turquía y las revueltas árabes
Ankara merece elogios por hacer lo que no ha conseguido casi ninguno de los actores en Oriente Próximo: reinventarse ante una era totalmente nueva. El premio es la actual popularidad de Erdogan entre los árabes
PETER HARLING Y HUGH POPE


Después de un año de revueltas árabes, Turquía es probablemente el actor externo que más ha intervenido. Ankara fue la primera capital que reaccionó al cambio de modelo de la región y que exigió al presidente egipcio, Hosni Mubarak, que dimitiera; definió unos principios claros, presionó para que se hicieran grandes reformas y denunció la represión; evitó lanzarse a una guerra para derrocar en Libia a Muamar el Gadafi y, aun así, acabó en el bando triunfador; contentó a la opinión pública árabe al enfrentarse a Israel y bajar de categoría sus reacciones con el Estado judío, aunque lo hizo por motivos que, en general, no tenían nada que ver con lo demás; y pudo presumir del "modelo turco" como vía hacia adelante, con una indefinición muy conveniente. El premio: el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, hizo una gira por el mundo árabe y fue recibido como un héroe.
A diferencia de Israel y los viejos regímenes árabes, no se ha acurrucado para protegerse de los cambios
No obstante, la política exterior de Ankara plantea más interrogantes que respuestas
Ahora bien, la enorme popularidad personal de Erdogan ha oscurecido el hecho de que la política exterior de Turquía ha sufrido un vuelco y que los comentarios de observadores turcos y occidentales sobre el avance triunfal de ese "modelo" son prematuros. La valiosa doctrina turca que lleva el engañoso nombre de "cero problemas" con sus vecinos, basada en la lenta construcción de un diálogo diplomático pragmático con todas las partes, la integración económica y las relaciones personales, sentó las bases para su popularidad actual en la región y transformó su imagen anterior de portaaviones de Occidente atracado en las costas de Oriente Próximo.
Pero el objetivo turco de tener un marco nuevo de cooperación que haga que la región sea más próspera y segura -una proyección de su experiencia con la UE y con la democracia laica- hoy parece idealista, para un futuro lejano y difícil de lograr en medio del tumulto actual de la zona. Al mismo tiempo, el nuevo y repentino deterioro de las relaciones de Turquía con Siria, Irak, Irán e Israel obliga a preguntarse: en un mundo en el que los cambios reales de política exterior suelen ser escasos y lentos, ¿con qué se sustituirá la posición estratégica de Ankara, tan cuidadosamente elaborada y obtenida y que, en términos generales, era muy eficaz?
De ser los mejores amigos de Siria hace un año, los turcos han pasado a estar envueltos en una especie de guerra a través de terceros con Damasco: Ankara apoya públicamente la formación de un consejo de la oposición siria y a una facción disidente del ejército, y Siria está reactivando viejos vínculos con los rebeldes kurdos de Turquía. La llamativa cooperación de Turquía con Irán en 2010, durante la búsqueda de una solución diplomática a las sospechas de Occidente sobre el programa nuclear iraní, se ha convertido en rivalidad, y ahora los dos países están enfrentados por el futuro del régimen sirio, defienden posturas opuestas a propósito del escudo de defensa antimisiles de la OTAN y se disputan la influencia en el mundo árabe. Las cómodas relaciones con Irak también se han visto afectadas, primero cuando Turquía respaldó abiertamente a un candidato que salió derrotado en las últimas elecciones iraquíes y luego como consecuencia de que Bagdad se ha aproximado en parte a Damasco y Teherán. Lo más espectacular ha sido el cambio respecto a Israel, el paso de la cooperación militar y una relación intensa a los contactos diplomáticos mínimos y la retórica sobre enfrentamientos navales por las flotillas de ayuda a Gaza.
Es posible que todo esto haya sido inevitable. Ankara merece elogios por hacer lo que casi ninguno de los demás actores ha hecho: reinventarse ante una era totalmente nueva. No se ha acurrucado para protegerse (como Israel y los restantes regímenes árabes), ni ha apoyado los levantamientos con criterio selectivo (como Al Yazira y el Golfo, que apoyan sobre todo las revueltas suníes, o Hezbolá e Irán, que respaldan a los chiíes en Bahréin), ni ha promovido la democracia pero, al mismo tiempo, ha expresado su temor por el resultado de cualquier votación (como Occidente, que preferiría contener a los islamistas y no ha cambiado en absoluto su actitud ante el conflicto Israel-Palestina).
No obstante, la política exterior de Ankara plantea más interrogantes que respuestas. Aunque las declaraciones de Erdogan en El Cairo y Túnez, en favor de unas constituciones laicas, tuvieron buena acogida en Occidente, los ciudadanos no islamistas de Oriente Próximo sospechan cada vez más que el modelo que propone el AKP no es el de la República Turca sino, más bien, el de los movimientos proislámicos. Unas relaciones cada vez más polarizadas están disminuyendo la capacidad de Turquía de mediar entre todos los actores regionales e internacionales, un factor que daba legitimidad a su papel antes de las revueltas. La crisis siria, cada vez más sangrienta, pone en tela de juicio la eficacia del poder, tanto duro como blando, de Ankara.
Lo más importante es que la tremenda popularidad de Erdogan en la calle árabe puede no durar eternamente, en parte porque surgió de un vacío, mientras la primavera árabe espera a crear sus propios héroes, en parte porque los Gobiernos árabes desconfían de cualquier cosa que huela a gran hermano turco, y en parte porque esa popularidad se basa en que Erdogan esté dispuesto a mantener un enfrentamiento retórico y diplomático con Israel. Tras decenios de estar sometida a propaganda hueca, la opinión pública árabe se cansa enseguida de las bravatas anti-israelíes que no cambian nada sobre el terreno.
En pocas palabras, cuando se calme el aplauso popular, Turquía tal vez se encontrará con una política exterior sin un marco conceptual que integre sus contradicciones: una mezcla insostenible de alianza con Estados Unidos y enfrentamiento con Israel, un modelo socioeconómico construido sobre la convergencia con Europa pero con el proceso de negociación para incorporarse a la UE estancado, un entusiasmo idealista por los demócratas musulmanes pero el mantenimiento de los vínculos con otros dirigentes autoritarios, exhibiciones públicas de devoción musulmana junto al apoyo a constituciones laicas, y debates enconados con todos los que pretenden aprovechar esas contradicciones para arrojar dudas sobre el papel de Turquía en Oriente Próximo, entre ellos los Estados de la UE deseosos de utilizar cualquier pretexto con el fin de retrasar aún más las negociaciones para su adhesión.
Turquía es débil asimismo en otros aspectos más próximos a casa, como las facturas que han quedado sin pagar durante sus incursiones en el mundo árabe. Tras el fracaso de las intermitentes negociaciones de paz con los kurdos turcos, en los últimos cinco meses, la escalada llevada a cabo por los rebeldes ha matado a más de 250 personas, entre ellos 115 miembros de las fuerzas de seguridad y 31 civiles. La economía turca también está en peligro, porque el consumo alimentado por el crédito está llegando a su techo, el déficit de cuenta corriente sobrepasa el 10% del PIB y, tras un sólido comportamiento económico en la primera década del siglo, el Fondo Monetario Internacional predice que el crecimiento de Turquía se reducirá al 2,2% el próximo año. La polarización política interna, el estancamiento del proceso de reforma de la UE, una actitud cada vez más autoritaria ante la libertad de expresión, y las malas notas en igualdad de género, transparencia y educación, significan que Turquía, a veces, refleja tanto ciertos aspectos del pasado del mundo árabe como una vía posible hacia un futuro mejor y más integrado.
La política regional de "cero problemas" que estableció Turquía a mediados de la pasada década tenía unos objetivos espléndidos. A largo plazo, Turquía necesita volver a lo que hizo que esa política funcionara tan bien: unos canales de comunicación abiertos a todos, desde Irán hasta Israel, un tratamiento equilibrado de todos los actores árabes nuevos, sin alinearse con los movimientos islámicos afines, y una reactivación del proceso de adhesión a la UE. Conviene destacar que el año en el que más avanzaron las reformas para entrar en la UE, 2004, fue el periodo en el que el país experimentó su mayor índice de crecimiento desde el comienzo del siglo, un 9,4%. Si Turquía quiere ser un modelo genuino para los demócratas árabes y, de esa forma, establecer una influencia positiva duradera en la región, debería dar un paso atrás y pensar en adoptar lo que mejor le ha funcionado hasta ahora.
Peter Harling y Hugh Pope escriben sobre Siria y Turquía respectivamente para el Grupo de Crisis Internacional. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

lunes, 12 de diciembre de 2011

"NADIE DEBE VIVIR EN EL MIEDO"



"Nadie debe vivir en el miedo"
PATRICIA TUBELLA
La entrada de Patricia Cornwell en la habitación de un hotel londinense se ajusta, de la cabeza a los pies, a la imagen que la reina del thriller forense viene proyectando a lo largo de dos décadas de éxito. Tan profesional como distante, la mirada fría de los ojos azules destaca en un físico delgado y fibroso, embutido en pantalones, botas y cinturón vaqueros. Como en todos sus desplazamientos, un guardaespaldas le ha escoltado hasta la entrevista de promoción de su último libro, Niebla roja, la entrega número 19 de la saga que protagoniza la doctora Kay Scarpetta. "Nunca me aburro de mi personaje", asegura una de las autoras más vendidas del género de intriga, "porque va cambiando a la par que nuestro mundo, y creo que la forma en que se enfrenta a diferentes situaciones es lo que atrapa al lector, por encima de la trama".
Cornwell traslada el marco de su nueva novela -que acaba de estrenarse en España como Premio RBA de Novela Negra- a la ciudad sureña de Savannah (Georgia) para someter a su heroína a la máxima presión. La patóloga forense afronta una cadena de asesinatos, en la que víctimas y verdugos son mujeres, lejos de los adelantos científicos y tecnológicos que le brinda su habitual laboratorio de Massachusetts. Si la saga de Scarpetta fue precursora de productos tan populares como la serie televisiva CSI, centrada en sofisticadas técnicas forenses para resolver casos criminales, la protagonista de Niebla roja deberá guiarse ahora principalmente por su intuición.
Las concomitancias entre la escritora y su criatura no solo se traducen en el pelo rubio, el color de los ojos o esa seguridad que nace de la convicción en la propia valía profesional. Ambas nacieron en Miami con solo dos años de diferencia (Cornwell, en 1956) y arrastran una biografía difícil que definió sus respectivas singladuras. El lento declive de un padre aquejado por la leucemia marca la infancia de Scarpetta, que acaba convirtiendo la muerte en materia de su oficio. En el caso de Patricia Cornwell, el abandono de su progenitor a temprana edad, la depresión de la madre y la niñez infeliz en otros hogares de acogida, que incluyó la declaración ante un gran jurado contra un guardia que había abusado de ella, forjaron todo un carácter. Ejerció de periodista de sucesos y de analista en la oficina del jefe médico forense de Virginia, para debutar con el primer caso de la patóloga, Postmortem, en 1990.
"Scarpetta es una médica forense que colabora con el estamento militar, y yo soy solo una escritora. Hay la suficiente distancia entre nosotras como para mantenerme interesada en ella, aunque sí tenemos los mismo valores sobre la naturaleza humana", concede. ¿Comparte la autora, cuya fascinación por las armas es bien conocida, el tajante rechazo de su personaje a la pena de muerte? "Es una forma inapropiada de castigar el crimen. Las ejecuciones no lo detienen, son incivilizadas y además el sistema condena a falsos culpables".
Antigua contribuyente del Partido Republicano y otrora amiga de la familia Bush, la evolución de Cornwell hacia postulados más progresistas en lo social ha ido pareja con su exposición a la luz pública como gay en años recientes. Hoy reniega de la agenda conservadora sobre las opciones sexuales o el control de la natalidad, porque "nadie debería imponer a la gente cómo debe ser", y confirma su apoyo al presidente Barack Obama. Cuando ya contaba con millones de seguidores, sacó del armario a uno de los personajes fijos de la saga, la sobrina de la forense (Lucy), sin importarle el impacto que ello pudiera tener. "Ni ella ni nadie debe vivir en el miedo", apostilla la autora, casada desde 2005 con una neuropsicóloga tras el matrimonio fallido con un antiguo profesor suyo.
Cornwell aclara que esa Lucy bisexual, aficionada como ella a los helicópteros, las motos de alta cilindrada y los deportes de riesgo, no ejerce de su alter ego, sino más bien al contrario. "Aprendí a volar y a bucear para que ella pudiera hacerlo en mis novelas. Quiero escribir con autenticidad", subraya una novelista que planea minuciosamente la idea general de sus libros, pero luego se deja "llevar sobre la marcha porque funciona mejor para el suspense". Hasta las últimas páginas, ni ella misma sabe cuál va a ser el desenlace. El éxito comercial de la doctora Scarpetta va a trasladarse a la gran pantalla con los rasgos de la actriz Angelina Jolie, una elección sorprendente (para empezar ambas se llevan 20 años) que, según Cornwell, "aportará una nueva dimensión al personaje". Hollywood ha llamado finalmente a la puerta de una autora que publica un título cada año, es presencia habitual en la televisión como experta en temas forenses y se sienta en el consejo directivo de varios hospitales psiquiátricos. Aunque famosa y muy rica, Cornwell nunca da el éxito por sentado: "Incluso si eres una autora superventas, siempre te sientes insegura y sufres con el nuevo libro".

domingo, 11 de diciembre de 2011

FRANCIA debe recordar también sus genocidios.



'Otoño en París'
En el cincuentenario de la matanza de argelinos anticolonialistas en la parisina plaza de L'Étoile, un filme de Jacques Panijel recupera su memoria. Reconocer la culpa de aquella odiosa redada honraría a la República
JUAN GOYTISOLO
El pasado 17 de octubre, cuando salía de una boca de metro en Étoile, ignoraba del todo que se cumplían exactamente 50 años de un acontecimiento que marcó profundamente mi vida: la noche en la que la Plaza de la Estrella se tintó de amarillo y recreó en el ánimo de los allí presentes una resucitada y siniestra Étoile jaune. Fue el titular de Le Monde, en un quiosco de la Avenida Friedland, el que reabrió las puertas de la memoria y me proyectó a 1961 en un vertiginoso salto atrás.
Perecieron un centenar y pico de manifestantes; docenas de ellos fueron arrojados al Sena
La prensa censurada de la época no pudo establecer un balance preciso de los cadáveres rescatados
A fines de los cincuenta del pasado siglo asistía como un modesto aprendiz venido de un mundo subdesarrollado a las veladas de sobremesa en el domicilio de Marguerite Duras y de su pareja de entonces, Dionys Mascolo, en las que un grupo selecto de intelectuales de izquierda -Robert Antelme, Maurice Blanchot, Edgard Morin, Maurice Nadeau...- discutía de sus opciones de compromiso con la causa independentista argelina y con el núcleo duro de sus activistas, los llamados porteurs de valises, discípulos o colaboradores de Sartre y de la redacción de Les Temps Modernes. Como escribí en otra ocasión, figuraba entre ellos la novelista Madeleine Alleins: defensora apasionada de la lucha anticolonialista, pertenecía al entonces célebre reseau Jeanson, un grupo clandestino de ideas marxistas o inspiradas por Frantz Fanon, que procuraba un sostén logístico a la Federación del Frente de Liberación Nacional argelina en la metrópoli. Sus miembros ocultaban dinero, armas, material de propaganda y a los militantes perseguidos por la policía en sus domicilios y en los de sus amistades cercanas.
Un buen día, Madeleine Alleins se presentó en casa y nos preguntó a Monique Lange y a mí si estábamos dispuestos a custodiar temporalmente los fondos de la organización. Monique aceptó sin vacilar y Madeleine Alleins acudió días después con un maletón cargado de billetes que depositamos en el estante superior de una alacena junto a la puerta de entrada del piso de Rue Poissonnière. Por espacio de unos meses, la activista telefoneaba al despacho de Monique en Gallimard y le comunicaba en clave una cifra, que ella me transmitía a su vez y yo me encargaba de meter la cantidad indicada en un gran sobre y la entregaba a nuestro enlace a la hora fijada cuando sonaba puntualmente el timbre.
Concluida la custodia de los fondos de la organización, la causa independentista argelina no desapareció de nuestro horizonte. Mientras el acoso a la inmigración magrebí, el toque de queda y las rattonades (incursiones violentas de las fuerzas del orden contra los norteafricanos) se extendían como una gangrena, las reuniones en los domicilios de Edgard Morín o Robert Antelme mantenían viva la llama del fervor anticolonialista. Maurice Péju -cuyo excelente libro sobre lo acaecido el 17 de octubre acaba de salir de forma póstuma a la luz después de acumular melancólicamente el polvo- era al parecer uno de los hombres de confianza del fugitivo Francis Jeanson e informaba a los simpatizantes de la estrategia política del FLN. EI Manifiesto de los 121, encabezado por Sartre y Simone de Beauvoir -un llamamiento a la deserción de los militares franceses que suscribieron mis amigos más próximos, incluidas Monique y Florence Malraux- fue el detonante de una movilización intelectual que no cesó sino con la firma de los Acuerdos de Evian y el reconocimiento de la independencia de Argelia.
Pero vuelvo a lo sucedido el 17 de octubre. Días antes, llegó a nuestros oídos la noticia de que el FLN preparaba una respuesta pacífica masiva al toque de queda impuesto a la población argelina y que abarcaba de hecho a la de Túnez y Marruecos (en la noche colonialista todos los moros son pardos). Alguien, no recuerdo quién, nos puso al corriente de que la fecha fijada era ese 17 de octubre cuyas imágenes de fantasmal violencia se grabaron en mi memoria con cruel nitidez.
En compañía de un corresponsal argentino de France Presse, fuimos primero a pie a la plaza de la Ópera, tomada totalmente por la policía: hileras de agentes con casco antidisturbios y armados de cachiporras canalizaban el flujo incesante de los magrebíes que subían disciplinadamente la escalera de la boca del metro y los empujaban al interior de los furgones que cortaban el tráfico en todas las avenidas circundantes.
Al poco, nos llegó el aviso de que la concentración masiva de quienes desafiaban el toque de queda sin otras armas que su dignidad y coraje se situaba en l'Étoile. Allí, en las vastas aceras de la rotonda que rodea la plaza propiamente dicha, batallones compactos de norteafricanos con los brazos cruzados tras la nuca, ofrecían un espectáculo que retrotraía a las imágenes de las redadas nazis durante la Ocupación. Resueltos, impertérritos, barridos crudamente a brochazos por los focos giróvagos de la policía, aguardaban el momento de ser introducidos a culatazos en los coches celulares hacia un destino desconocido. Entre los testigos de la tropelía, divisé a algunos periodistas y colaboradores de l'Express, France Observateur y Les Temps Modernes. Lo que entonces ignorábamos es que la policía, siguiendo las instrucciones del prefecto Maurice Papon, iba a entregarse a una orgía sangrienta en la que perecieron un centenar y pico de manifestantes. Docenas de estos fueron arrojados al Sena sin que la prensa censurada de la época pudiera establecer un balance preciso de los cadáveres rescatados. La matanza permaneció enterrada en la memoria colectiva no obstante la labor de historiadores como Jean Luc Einaudi, de novelistas como el autor de Meurtres pour mémoire y de cineastas como Rachid Bouchareb, cuya película desdichadamente no he visto.
Con motivo del cincuentenario de esos atropellos, varios filmes documentales denuncian hoy la barbarie llevada a cabo en nombre de la supuesta misión civilizadora europea en África y el Magreb: apaleamiento a muerte de manifestantes inermes; ejecuciones de un balazo a quemarropa; apriscamiento de los detenidos en el Palacio de los Deportes; reedición del Vel d'Hiv...
Con 50 años de retraso, Francia recobra la memoria y bochorno de aquellas brutalidades gracias al filme Otoño en París de Jacques Panijel, cuya difusión, como la del libro de Péju, no ha sido posible hasta ahora. A quien tenga oportunidad de verlo, sus imágenes de insostenible violencia se superponen a la belleza serena de l'Étoile, con sus palomas, turistas y paseantes ociosos, una Estrella, repito, que por espacio de unas horas se tiñó de amarillo. Y no está de más recordar que fue el mismo Maurice Papon, el prefecto de policía de infame memoria, quien facilitó el traslado de resistentes y judíos de Burdeos a París durante la Ocupación nazi y cuyo destino final fue a menudo el de los campos de exterminio.
La historia reitera sus ciclos: los verdugos son a veces los mismos y solo las víctimas cambian. Reconocer la culpa de aquella odiosa redada honraría a una República cuyos proclamados valores son una libertad, igualdad y fraternidad de universal validez.
Juan Goytisolo es escritor.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¿UNIDAD FISCAL PARA EUROPA? ¿MARIANO AL SON DE ANGELA?

¿Es el momento de la unión fiscal europea?
A diferencia de EE UU, Europa comenzó la casa por el tejado: creando una unión monetaria sin contar con una unidad fiscal, pero aún podría usar su capacidad financiera y monetaria para superar el problema de la deuda
RAMON MARIMON
Hoy es un día histórico para Europa, la Unión Europea y, más en concreto, la eurozona. Los ciudadanos europeos esperamos que el Consejo Europeo de hoy pase a la historia como el principio del fin, de la crisis del euro del siglo XXI, y no como el día de la ocasión perdida. Si es el principio del fin lo será porque hoy se habrán establecido las bases para una nueva Constitución Europea (se llame como se llame) que redefinirá las políticas fiscales de los países miembros; de la Unión Europea o de la eurozona.
El Consejo Europeo de hoy debería pasar a la historia como el principio del fin de la crisis del euro
Para que la UE tenga la capacidad fiscal suficiente hay que definir bien las fuentes de ingresos
Ocupados en los preparativos finales del Consejo Europeo "histórico", los jefes de Gobierno seguramente no habrán tenido tiempo de escuchar o leer la lección del premio Nobel que ayer dio Thomas J. Sargent en Estocolmo. Lástima, porque es una lección de la que podrían aprender, se titula: United States then, Europe now.
No es mi intención reproducirla aquí (mejor que se la bajen de la página web ), sino subrayar algunas de las lecciones que la Europa de hoy no debería olvidar. Sargent, en su modestia característica, dice que es un "americano provinciano" y por tanto se refiere casi exclusivamente a la historia de los primeros 50 años de la Unión. Pero lo hace con las lentes de observación de la teoría económica y econométrica actual.
De hecho, Thomas J. Sargent y Christopher A. Sims han obtenido el Premio Nobel de Economía 2011 por desarrollar las lentes y la teoría de la macroeconomía. Estas nos permiten entender mejor cómo distintas políticas económicas se interrelacionan, así como la importancia de las normas e instituciones que configuran esta interrelación.
Estados Unidos empezó por definir un modelo de unión fiscal y tardó en definir su modelo de unión monetaria. Europa ha empezado por definir su modelo de unión monetaria, pero aún hay confusión sobre cuál va a ser su modelo de unión fiscal, y esta confusión está poniendo en peligro la unión monetaria. Como nos recuerda Sargent, el modelo original, de la Constitución de 1781, era el de una unión con muy escasa capacidad fiscal y, por tanto, incapaz de resolver el problema de la deuda de los Estados, herencia de la guerra de la independencia. Sin embargo, el triunfo de las ideas federalistas de Hamilton y Washington en la Constitución de 1788 supuso una rectificación clave de este modelo: se le dio capacidad fiscal a la unión, que pasó a controlar la política arancelaria, y en 1790 la unión aprovechó -no sin controversias- esta fuente de recursos para absorber las deudas de los Estados.
Pero la lección no acaba aquí ("si quieres financiar deuda, asegúrate una fuente de ingresos"), sino que la historia continúa: la unión no tiene capacidad ni mandato para realizar grandes infraestructuras u otros gastos públicos, que quedan en manos de los Estados. Estos, confiando en que estas inversiones las pagará su crecimiento, se endeudan de nuevo y en los años treinta del siglo XIX hay un nuevo problema de deuda de Estados Unidos. Sin embargo, no son deudas de una guerra común, sino deudas de unos Estados que habían tenido fácil acceso a crédito a intereses bajos, arropados por la reputación de la unión que había demostrado que pagaba sus deudas. Y así, 50 años más tarde y con la misma Constitución, el problema de las deudas de los Estados tiene una resolución muy distinta: en 1840 la unión no las absorbe y varios Estados se colapsan.
Este segundo episodio, y el aumento de la capacidad fiscal de la unión -por ejemplo, la introducción del impuesto sobre la renta- acaban por definir el modelo americano de unión fiscal, basado en tres principios. Primero, como con Thomas Cooley ya señalamos en esta misma página (EL PAÍS del 12 de julio de 2011) "en la mayoría de Estados, el pago de las obligaciones de deudas tiene prioridad constitucional sobre otros gastos del Estado". Segundo, existe una clara línea divisoria entre lo que son compromisos de la unión y de los Estados; en particular, según el US Bankruptcy Code, Estados no puede declararse en quiebra, es decir, la unión no avala las deudas de los Estados como "prestamista de último recurso". Tercero, el presupuesto federal permite dar protección a los Estados en situaciones de crisis o emergencias.
La norma que limita el déficit de los Estados en Estados Unidos es parecida, pero más sutil, que la de imponer constitucionalmente un límite al déficit de los Estados (posiblemente estructural) como ahora se propone en Europa y ya se ha aprobado en España. Pero hace falta articular las otras piezas -no necesariamente siguiendo el modelo americano- y, de forma extremadamente urgente, solucionar el problema de la deuda. Desgraciadamente aquí la confusión aún reina.
Utilizando el ejemplo histórico, la confusión sobre el problema de la deuda, tiene dos componentes. Primero, el no saber distinguir hasta qué punto la eurozona de hoy se parece a Estados Unidos de 1790 o de 1840; es decir, si es un problema comunitario del que la eurozona se debe corresponsabilizar, o no. Hay elementos de ambos, pero hay que saber poner la línea divisoria. Segundo, para que la unión tenga la capacidad fiscal suficiente hay que definir bien las fuentes de ingresos. ¿Cómo se abordan estos dos problemas?
La propuesta que Merkel y Sarkozy han puesto sobre la mesa, para que "esto de Grecia no vuelva a suceder", es la de complementar los compromisos constitucionales con un sistema de penalizaciones automáticas -posiblemente a cargo del Tribunal de Justicia Europeo- para aquellos que no cumplan dichos compromisos. Desgraciadamente, ni la Unión Europea tiene credibilidad a la hora de imponer sanciones a sus propios países (aunque si a sus empresas), ni tenemos buenas experiencias históricas de que sancionar a países soberanos sea la vía... y los alemanes deberían ser los primeros en saberlo.
En cambio, sí que hay dos mecanismos que la teoría y la experiencia nos dicen que funcionan: la inacción y "la zanahoria". Que la unión no asuma toda, o una parte, de la deuda de los países es una "sanción por inacción"; que asuma otra parte de la deuda -por ejemplo, reestructurándola con plazos más largos y con tipos de interés más bajos- si ciertas condiciones se cumplen, es una buena "zanahoria". Ambos mecanismos son mucho más creíbles e inmediatos que el "palo" de imponer multas a países en dificultades.
No cabe duda de que si Europa supiese y quisiese explotar su capacidad financiera y monetaria, sin crear problemas futuros de credibilidad (riesgo moral), el problema de la deuda estaría prácticamente resuelto. ¿Cómo puede hacerlo?
Hasta ahora lo ha hecho con timidez utilizando el fondo de rescate y la intervención directa del Banco Central Europeo en la compra de deuda soberana. Ambos mecanismos se pueden ampliar. Las propuestas de adelantar y ampliar el Mecanismo de Estabilidad Financiero están sobre la mesa y la experiencia reciente de la Reserva Federal muestra que los bancos centrales pueden incluso beneficiarse refinanciando deudas acosadas por intereses insostenibles. Para la salud del sistema monetario y, en general, para crear confianza es mejor que sea el Mecanismo de Estabilidad Financiero el responsable. Ahora bien, este mecanismo necesita normas claras. En primer lugar, "que sea un fondo adecuadamente dotado de estabilidad y no de redistribución"; es decir, que no sea un mecanismo de transferencias permanentes, políticamente insostenible. En segundo lugar, establecer cuáles son las situaciones de inestabilidad en que se "activa la zanahoria". Sin estas normas creíbles, la confusión y el problema del riesgo moral nos pueden hundir en el futuro y, anticipando este futuro, los mercados van a adelantarlo preguntando: ¿Es el momento de la unión fiscal europea?
Ramon Marimon es director del Max Weber Programme, profesor del European University Insitute y de la Universitat Pompeu Fabra y presidente de la Barcelona Graduate School of Economics.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

"OPTAR SOLO POR LA AUSTERIDAD SUPONE HACER RECAER LA CRISIS SOBRE LA GENTE"

Por un nuevo contrato social europeo
Las políticas de austeridad de la UE para salir de esta crisis han fracasado. El sindicalismo europeo propone más cohesión y solidaridad, y un "plan de rescate social" que devuelva a Europa a la vía del progreso
IGNACIO FERNÁNDEZ TOXO, CÁNDIDO MÉNDEZ Y MICHAEL SOMMER
La Unión Europea está atravesando la más profunda crisis de su historia. Es financiera y económica, con graves consecuencias sociales. Pero es, también, una crisis política de la propia UE. La situación, de auténtica emergencia, se caracteriza por la aparición de problemas muy serios de financiación en varios Estados, que pueden producir una reacción en cadena y la recaída en una nueva recesión generalizada. Hace dos años hubiera sido impensable que tantas voces, algunas cualificadas, juzgaran que la ruptura del euro es una posibilidad. Hay que ser conscientes que dicha ruptura llevaría a la completa desnaturalización, si no a la destrucción, del propio proyecto europeo, sin duda una de las construcciones políticas más importantes del Siglo XX.
Ante el riesgo de recesión, los gobernantes europeos no proponen nada para el crecimiento y el empleo
¿Cómo es posible haber llegado a esta situación?

La responsabilidad de los políticos que dirigen las instituciones europeas y las principales naciones es muy grande. Tras dos años de reacciones tardías, contradicciones constantes y políticas erróneas, el problema original —la crisis financiera de Grecia, cuyo PIB es el 2% de la UE— sigue sin resolverse. La crisis de la deuda se ha contagiado a numerosos países: Irlanda y Portugal han sido intervenidos y/o rescatados, y hoy el ataque de los especuladores se cierne sobre Italia y España, que no pueden ser "rescatadas" y cuya situación sería difícilmente enmendable a través de créditos de ayuda, dado el tamaño de sus economías, y comienza a afectar a Bélgica o Francia entre otras naciones.
El giro político radical del Consejo Europeo, el 9 de mayo de 2010, se justificó para recobrar la confianza de los mercados financieros y permitir que sus agentes financiaran a los Estados europeos a tasas de interés razonables. Desde esa fecha, el Consejo, la Comisión y el BCE han promovido, o han impuesto, políticas de austeridad, basadas en el recorte del gasto público, y las llamadas "reformas estructurales" que han sido consagradas en el Plan de gobernanza económica y el Pacto por el euro plus. La próxima Cumbre del Consejo Europeo, del 9 de diciembre, iniciará el debate sobre una reforma del Tratado de Lisboa, para hacer de estas políticas el núcleo de un modo de gobierno económico reforzado de la Zona Euro.
Pero estas políticas han fracasado. En el terreno económico, la crisis de las deudas soberanas está más extendida y es mucho más aguda que antes, el crecimiento ha caído bruscamente en casi todos los Estados, y el desempleo ha aumentado allá donde los recortes presupuestarios han sido más fuertes. Las consecuencias sociales de la disminución de los salarios y las pensiones y de los recortes en los gastos de protección social, educación y salud son evidentes: más pobreza y desigualdad, aumento de la precariedad, y una fuerte erosión de la cohesión social. Al tiempo, se está debilitando la solidaridad entre las naciones, cemento imprescindible de todo proyecto europeo. Sectores cada vez más amplios de la ciudadanía lo rechazan o desconfían de él. Los viejos tópicos y clichés negativos que oponen a las naciones y a sus habitantes entre sí vuelven a reaparecer.
Se está promoviendo, desde las instituciones europeas, una erosión profunda del modelo social cuyos valores y principios son seña de identidad y elemento de vertebración de la UE. Nunca antes había sucedido esto. Los políticos que hoy gobiernan Europa tal vez no sean conscientes de un hecho muy grave: se está quebrando, por las instituciones europeas y en muchas naciones, el pacto social que, después de la Segunda Guerra Mundial, permitió construir los Estados de bienestar europeos y el proyecto común que ha desembocado en la Unión Europea.
La propuesta sindical
El sindicalismo europeo, agrupado en la Confederación Europea de Sindicatos (CES), ha rechazado con firmeza estas políticas y se ha movilizado contra ellas, en el ámbito europeo y en el de numerosos Estados. Por el momento no ha sido escuchado, a pesar de que los hechos están dando la razón a sus análisis y propuestas. Pese al profundo desencanto europeo de muchos trabajadores, seguimos diciendo que no hay otra solución que la profundización del proyecto europeo, pero con políticas muy distintas a las fracasadas e injustas que los actuales responsables políticos europeos nos están imponiendo. No es tiempo de Gobiernos de tecnócratas, sino de dar más terreno a la democracia social y política y a la participación ciudadana.
¿Qué proponemos para salir de esta crisis económica y política de la UE?
En primer lugar, acabar con los mecanismos de la especulación y asegurar la capacidad financiera de todos los Estados miembros, resolviendo de una vez la crisis de la financiación de los Estados .¡Cómo es posible que Estados Unidos, con los principales indicadores peores que los del conjunto de la UE, y Japón, con una deuda pública del 225% de su PIB, pueda emitir sus bonos a 10 años a intereses inferiores al 2% y algunas naciones de la Zona Euro deban pagarlos al 7%! La respuesta es sencilla: porque no se actúa como una verdadera Unión. El solo anuncio creíble de una garantía absoluta de las deudas de los Estados pararía la especulación en los mercados. Los instrumentos de esa garantía son la emisión de eurobonos y la conversión del BCE en garante de último recurso.
La estabilidad de las finanzas públicas también preocupa, y mucho, al sindicalismo europeo. Pero los objetivos de reducción de los déficit y las deudas no se pueden alcanzar hundiendo las economías. El reto, posible, es alcanzarlos en plazos realistas al tiempo que se toman medidas, europeas y nacionales, para promover el crecimiento económico y la creación de empleo. Resulta asombroso que ante el alto riesgo de recaer en la recesión, los responsables políticos europeos sigan sin decir nada sobre crecimiento y empleo y los obvien en sus propuestas sobre reforzamiento de la gobernanza económica. La recuperación no va a venir de unas reformas estructurales cuyo núcleo duro son los recortes sociales, una concepción de la competitividad basada en la deflación de los costes laborales y el debilitamiento de la capacidad de negociación colectiva y la fuerza contractual de los sindicatos.
Basándonos en lo aprobado en el último Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos (Atenas, mayo de 2011) pensamos que hoy, más que nunca, es necesaria una nueva política monetaria, económica y social, aplicada por un gobierno económico en el marco de una gobernanza económica fuerte de la Zona Euro, coordinada con la que se aplique junto con el reforzamiento de la gobernanza económica en la UE27, pero con contenidos muy diferentes de los que nos proponen los gobiernos. La política fiscal, empezando por los impuestos de sociedades y sobre las rentas del capital, debe ser común, en muchos aspectos, en la Zona Euro y estar armonizada en el conjunto de la UE. Necesitamos un tratamiento coherente de las dimensiones económicas, medioambientales y sociales del crecimiento. Junto con la industria, la energía y el medio ambiente, el gobierno de la economía europea debe dar prioridad a las políticas que promueven más empleo y de mejor calidad. Esto no es posible con un exiguo presupuesto inferior al que apenas representa el 1% del PIB. Es necesaria una institución financiera europea emisora de deuda y no sólo un Banco Central con la única función de controlar la inflación.
El Consejo Europeo, el 9 de diciembre, debería resolver lo inaplazable sobre deuda y crecimiento y establecer orientaciones claras en la perspectiva que proponemos. El movimiento sindical europeo no está defendiendo una posición de parte: creemos que al hablar así estamos defendiendo los intereses generales y contribuyendo a buscar soluciones a la gravísima crisis política de la UE. Los políticos europeos deberían ser conscientes de que no pueden marginar por más tiempo las opiniones y propuestas constructivas de quienes representamos el principal factor para la creación de la riqueza: el trabajo.
Es necesario establecer un nuevo contrato social y económico con la activa participación de los interlocutores sociales. Un nuevo contrato social europeo que sustituya al histórico, cuyos grandes capítulos deberían ser, entre otros: el empleo, los salarios —respetando la autonomía de los interlocutores sociales en la negociación colectiva—, las pensiones, la protección por desempleo, la educación y la salud.
El pacto fiscal, las políticas redistributivas de la riqueza y el derecho laboral y la negociación colectiva han sido los cimientos del más prolongado periodo de prosperidad y democracia en Europa. Fueron como el cemento que fraguó unas relaciones de trabajo modernas con una gran implicación de los trabajadores a través de sus organizaciones, en la vida de las empresas. Solo apoyándonos en estos valores y principios democráticos, que han definido el modelo social europeo, podremos salir antes y de manera más justa de la crisis, y garantizar la supervivencia, hoy gravemente amenazada, de la propia Unión Europea.
Exigimos que una futura revisión de los Tratados se haga integrando una dimensión social de igual valor, y que se establezca una convención que prepare dicha modificación. Necesitamos una cláusula general de progreso social que promueva un “paquete plan de rescate social”, y vuelva a colocar a Europa en la vía del progreso social. Los derechos sociales fundamentales, en particular el que concierne a la negociación colectiva, deben ser respetados y fomentados en todas las medidas anticrisis.
Frente a quienes quieren reformar los Tratados solo para reforzar el Pacto de Estabilidad, pensamos que la modificación de los Tratados, incluso limitada, no puede tener como únicos objetivos ejercer una presión constante sobre los presupuestos nacionales y el reforzamiento de la austeridad.
El progreso de la Unión Europea tiene que basarse en la cohesión social y la solidaridad en el interior de sus Estados y en la solidaridad y la cohesión política entre ellos. Para lograrlo, en estos momentos tan difíciles, hay que actuar en el ámbito común europeo y, también, reforzar el diálogo social, Por eso, realizamos estas propuestas, exigiendo que no se margine a los trabajadores en las soluciones y manifestando la voluntad de movilizarnos en el ámbito europeo para conseguirlo.
Firman este artículo: Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC OO; Cándido Méndez, secretario general de la UGT; Michael Sommer, presidente de la DGB (Alemania); Susanna Camusso, secretaria general de la CGIL (Italia); Bernard Thibault, secretario general de la CGT (Francia); François Cherèque, secretario general de la CFDT (Francia); Anne Demelenne, secretaria general de la FGTB (Bélgica), y Claude Rolin, secretario general de la CSC (Bélgica).

martes, 6 de diciembre de 2011

OTRA TEOLOGÍA ES POSIBLE....... OPULENCIA O MARGINACIÓN.



El cardenal Martínez Sistach veta la conferencia de un teólogo progresista
El prelado prohíbe la charla de Juan José Tamayo en la parroquia de Sant Medir
CAMILO S. BAQUERO

- Barcelona Juan José Tamayo, teólogo y director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III, presentó anoche su libro Otra teología es posible (Herder) en un local a 50 metros de la parroquia de Sant Medir, en el barrio barcelonés de La Bordeta. La charla, que abordó temas como la necesidad de un nuevo papel de la mujer dentro de la Iglesia y la apuesta por una teología intercultural, estaba programada en un salón del templo. Sin embargo, el acto tuvo que cambiar de sitio después de que, según Tamayo y fuentes de la parroquia, el mismo cardenal Lluís Martínez Sistach llamara para prohibirla. El Arzobispado de Barcelona ni confirmó ni desmintió la información.
Este es el tercer veto en dos meses con el que se topa Tamayo, que también es autor de una cincuentena de libros y secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. Los dos primeros fueron en Madrid y vinieron por orden del cardenal Antonio María Rouco Varela, que hace una semana prohibió la conferencia ¿Ha muerto la Teología de la Liberación? La opción por los pobres hoy, que se iba a dictar en la parroquia de San Félix. El acto se realizó finalmente en una biblioteca pública cercana. Desde el templo, regido por los clérigos de San Viator, se argumentó que el cambio de sitio se debía a "razones eclesiástico-institucionales ajenas a la parroquia".
"Esto es resultado de la bunkerización e integrismo de la cúpula de la jerarquía eclesiástica española, que hacen piña a la hora de impedir el pensamiento teológico libre y progresista", aseguró ayer Tamayo. En octubre, Rouco Varela también solicitó a los sacerdotes de la parroquia de San Carlos Borromeo -conocida como la iglesia roja- que cancelaran la cátedra quincenal del teólogo, llamada La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso. Según el Arzobispado de Madrid, Tamayo no contaba con su venia docendi (la autorización para dar clase). Sin embargo, la prohibición nunca llegó por escrito y el teólogo continuó impartiendo la clase a los alumnos, en su mayoría jóvenes e inmigrantes del barrio de Entrevías.
Tamayo cree que la persecución de la que está siendo víctima es una demostración de que "los obispos están rendidos a los pies de Rouco Varela" y que "su poder va más allá de cualquier límite eclesiástico". Sin embargo, prefiere no personalizar sus críticas. "Hemos pasado del neoconservadurismo de Juan Pablo II al integrismo de Benedicto XVI", se quejó el teólogo.
Otra teología es posible postula, entre otras cosas, que "hay más verdades en todas las religiones que en una sola", critica el "imperialismo teológico occidental" que ha impedido un verdadero diálogo intercultural y reivindica el papel de la mujer en el mundo religioso. "La mujer es un sujeto social, pero nunca ha sido un objeto eclesial. Se le ha marginado de responsabilidades no por su incompetencia sino por ser mujer", explicó Tamayo.
Para el profesor, los purpurados españoles creen que "no hay más teología que la dogmática, la que mira al pasado. Insisten en responder las preguntas actuales con respuestas del pasado". "Tienen que cambiar de paradigma, pero les gusta mucho la teología perenne", remacha Tamayo, que hoy presentará su libro en la librería Claret

lunes, 5 de diciembre de 2011

LA MUERTE ACOMPAÑA A LA CULTURA...

Libros y cadáveres
Dos días antes de la inauguración de la Feria del Libro de Guadalajara, aparecían 26 jóvenes asesinados por el 'narco'. Aun así, México está muy lejos de la barbarie, es un país libre y civilizado
MARIO VARGAS LLOSA


Entre el 21 y el 23 de noviembre hubo en los barrios pobres de Guadalajara (Jalisco) lo que los mexicanos llaman levantones, es decir, secuestros. Las víctimas eran, casi todas, jóvenes de humildes oficios -repartidores, electricistas, mecánicos, vendedores de chatarra, panaderos- y algunos de ellos estaban fichados por la policía por delitos menores como atracos callejeros y robo de autos.
Los aniquilaron solo para que el enemigo supiera que podían acabar con cualquiera
Un día después, el 24, todos ellos aparecieron -eran 26- muertos, con las manos y pies atados, huellas de balas en la cabeza y algunos con señales de tortura. Los asesinos embutieron los 26 cadáveres en tres camionetas robadas que dejaron cerca de los Arcos del Milenio, en pleno centro de la ciudad y a pocas cuadras del local donde dos días más tarde se inauguraría la 25ª edición de la Feria Internacional del Libro, sin duda la más importante de las muchas que se celebran en el mundo de lengua española.
¿Quién y por qué perpetró ese horrendo crimen? Según un reportaje estremecedor aparecido en el semanario Proceso, del 27 de noviembre, los asesinos fueron sicarios de uno de los cárteles más poderosos de la droga, el de Zeta-Milenio, que con esta matanza se proponía simplemente advertir a un cártel rival, el del Pacífico, lo que le esperaba si seguía empeñado en tender sus redes en tierras de Jalisco, que los zetas consideran exclusivamente suyas. Lo que pone los pelos de punta al leer esta crónica no son solo los horripilantes excesos de crueldad cometidos por los forajidos en esta ocasión, sino que salvajismos de esta índole son frecuentes en distintos lugares de México, donde cerca de 50.000 personas han perecido ya desde que el Gobierno del presidente Felipe Calderón decidió enfrentar militarmente los cárteles de la droga que habían comenzado a infiltrarse como una hidra por todos los vericuetos del Estado, empezando por los cuerpos policiales.
Declarar esta guerra fue un acto de coraje, sin duda, que ha servido para sacar a la luz del día y mostrar el enorme poder económico y bélico del monstruo que anidaba en las entrañas de la sociedad mexicana, pero, también, para comprobar lo quimérico que es ya en nuestros días creer que se podrá acabar con el tráfico de drogas y la delincuencia y crímenes que genera mediante la simple represión. La bestia ha crecido demasiado y cuenta con demasiados recursos para poder derrotarla por las armas de modo definitivo. Ella se reproduce como las serpientes en la cabeza de la Medusa y la violencia que desata puede llegar a desarticular el funcionamiento de todas las instituciones y a convertir la democracia en una caricatura de sí misma.
Proceso reproduce el mensaje que los autores del asesinato dejaron garabateado en una de las camionetas. Basta tratar de leerlo para darse cuenta de la indescriptible mescolanza de ignominia, crueldad y estupidez que guía a los forajidos. Comienzan advirtiendo que "el pleito no es con la población civil. Es con el Chapo y Mayo Zambada que andan queriendo pelear y no defienden ni su tierra". Acusan a sus enemigos de ser "informantes de los gringos" y piden a las gentes de Jalisco que "se quiten la venda de los ojos". Añaden: "Aquí les dejamos estos muertitos. Sí, los levantamos nosotros para que miren que sin la ayuda de ningún cabrón estamos metidos hasta la cocina". Se despiden de este modo jactancioso: "Atentamente. Grupo Z, el cártel fuerte a nivel nacional. El único cártel no informante de los gringos. Lealtad, honor, Grupo Z, siempre leales". (He puesto la puntuación para hacer algo más comprensible ese mazacote sintético). Lo que parecen querer decir es muy simple: "Asesinamos a esos 26 solo para demostrar que podemos hacerlo". No tenían inquina alguna contra sus víctimas. Los aniquilaron solamente para que el enemigo supiera que estaban en condiciones de acabar con cualquiera que pretendiera disputarles el monopolio que se habían ganado a punta de dinero y balazos.
¿Significa esto que México seguirá hundiéndose en la barbarie de manera irreversible?
Nada de eso. Yo llegué a la ciudad de Guadalajara dos días después de aquella matanza, permanecí cuatro días en la ciudad y no vi ni un solo muerto ni una sola escena de violencia. Más bien, mañana, tarde y noche estuve rodeado de libros y de gentes cultas, apasionadas por el arte, las ideas, la música, la poesía, las novelas, hombres y mujeres que acudían en masa a escuchar presentaciones de novedades literarias, diálogos y debates de escritores, filósofos, politólogos, críticos y masas de personas que salían de los interminables pabellones de la Feria con enormes bolsas llenas de los libros que acaban de comprar. Tuve un diálogo público con Herta Muller sobre la vocación literaria y creo que ninguno de los dos vio jamás un público tan atento y numeroso, unos 1.800 espectadores. Cualquiera que hubiera vivido solo esa experiencia hubiera concluido que México está muy lejos de la barbarie y es uno de los países más civilizados, libres y cultos del planeta.
En verdad, México, como el resto de América Latina y buena parte del mundo, es ahora las dos cosas a la vez. Si, antaño, parecía que la civilización y la barbarie tenían bien definidas sus demarcaciones y eran antagónicas, hoy descubrimos que aquella era una más de las muchas ilusiones que fabricamos para no sentirnos demasiado inseguros en el mundo en que vivimos. Gracias al fanatismo religioso y político y su símbolo -el terrorista suicida- y a la criminalidad que la industria de la droga genera por doquier, además de factores como las enormes desigualdades económicas, el desplome de los valores espirituales y religiosos y el generalizado desapego a la ley, la barbarie es hoy un ingrediente esencial de la civilización, una de sus expresiones. No es una casualidad que en Noruega, que parecía un pequeño paraíso, el salvador de la humanidad Anders Behring Breivik se cargara el 22 de julio pasado a 77 inocentes, solo para mandar un mensaje al adversario, como hacen los zetas mexicanos.
Cuando recuerda que el Holocausto fue obra de un país que era el mismo de Goethe, Beethoven, Rilke y Thomas Mann, George Steiner saca la siguiente lección: "Las humanidades no humanizan". Tal vez tenga razón, tal vez sea cierto que la cultura no nos defiende contra el instinto tanático de destrucción y muerte que se disputa en nuestro ser con el Eros constructivo, solidario y vital.
Pero, acaso, la cercanía del peligro y del horror sea un poderoso aliciente para el quehacer cultural, lo impregne de una atracción hechicera y de una fuerza mágica a la que inconscientemente acudimos en pos de consuelo, ayuda, seguridad, cuando el suelo parece estar cediendo bajo nuestros pies. ¿Es esa la explicación de la extraordinaria concurrencia de jóvenes que, procedentes de todas las provincias de México, acuden a la Feria del Libro de Guadalajara? Las tres o cuatro veces que he estado allí siempre me llamó la atención esa presencia sobresaliente de chicos y chicas. Y este año ella ha sido infinitamente más numerosa que las anteriores, añadida de un gran número de niños que poblaban los pabellones de literatura infantil. Esos millares de muchachos y muchachas circulando por todos los rincones de la Feria, haciendo largas colas para asistir a los actos programados, hojeando los libros de las estanterías o leyendo tumbados por los suelos o apretujados en los cafés y salas de descanso, parecían inmunizados contra los peligros que erizan las calles de México, fuera del alcance de esos pistoleros semianalfabetos, armados de las armas más modernas de la industria bélica, que levantan a los indefensos transeúntes y los matan solo para que sus competidores sepan lo feroces y mortíferos que son.
La Feria del Libro de Guadalajara comenzó hace un cuarto de siglo sin muchas ínfulas pero ha ido creciendo de manera sistemática, sin pausa, y es ahora un encuentro internacional al que acuden editores, agentes, libreros, escritores y lectores de todos los países del globo. Su notable éxito se debe a que ha sabido combinar el aspecto industrial y comercial con el cultural, de mercado que es al mismo tiempo un semillero de actividades creativas en la que participan intelectuales y escritores de todas las culturas del globo. Ahora no solo existe en el Estado de Jalisco. Desde el año pasado se celebra también en Los Ángeles y esta es, creo, la única feria en Estados Unidos dedicada exclusivamente al libro en español.
Se trata de un espectáculo hermoso y gratificante, sin duda. Y, también, de un homenaje a esos 26 pobres diablos sacrificados de manera inmisericorde por las guerras cainitas del narcotráfico. Porque no hay nada más lejano de la muerte, la crueldad y la brutalidad que el amor por los libros.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011
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sábado, 3 de diciembre de 2011

¿PRIMAVERA DE INVIERNO EN EL ISLAM?

¿Islamistas de nuevo cuño?
Los partidos vencedores en las elecciones de Túnez y Marruecos, y sectores de los Hermanos Musulmanes egipcios, dicen haber aprendido del AKP turco. Se proclaman capaces de aceptar la democracia y la pluralidad
JAVIER VALENZUELA
A la primavera árabe parece haberle seguido un otoño islamista. Los partidos confesionales son, de momento, los principales beneficiarios en las urnas de las caídas de los autócratas -casos de Túnez y Egipto- o de las reformas dentro del régimen -caso de Marruecos-. ¿Van a intentar imponer modelos teocráticos? ¿Respetarán las libertades y los derechos de los que no comulgan con sus ideas? ¿Se empeñarán en devolver a las mujeres a los hogares? ¿Aceptarán la alternancia llegado el momento? Ni estos ni otros interrogantes posibles pueden ser respondidos hoy de modo rotundo en uno u otro sentido.
Los modelos teocráticos de Arabia Saudí e Irán son poco atractivos hasta para los jóvenes piadosos
Es difícil saber ahora si el nuevo discurso islamista, más democrático, es oportunismo o convicción

Desde el Magreb al Machrek, la vanguardia de las revueltas que están cambiando el mundo árabe no han sido los islamistas, sino las juventudes urbanas de ideas democráticas conectadas a la modernidad vía Internet y la televisión por satélite. Y sin embargo, a la hora de votar una mayoría de árabes -en ningún caso absoluta- los prefiere a ellos. ¿Por qué? La explicación no es demasiado complicada. Los islamistas se benefician del prestigio que les da haber sido satanizados y perseguidos durante lustros por las autocracias del norte de África y Oriente Próximo. Además, tienen fama de gente honesta y laboriosa, y sus redes de asistencia social son lo único a lo que pueden acceder millones de árabes a la hora de buscar un médico, una escuela o una pensión. Por último, suelen presentarse unidos a los comicios frente a la dispersión de fuerzas laicas, nacionalistas, socialdemócratas o panarabistas.
Pero estos islamistas, a los que la prensa occidental suele llama moderados, parecen de nuevo cuño. Nada más regresar a Túnez tras el derrocamiento de Ben Ali, Rachid Ganuchi, el líder de Ennahda, declaró que su modelo no era ni Arabia Saudí ni Irán, sino la Turquía democrática gobernada por el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) de Erdogan. Recuérdese que el AKP suele compararse con la democracia cristiana europea, esto es, un partido de inspiración confesional que se desenvuelve sin problemas insolubles en un escenario de libertad y pluralidad.
En su primera etapa, Burguiba, el fundador del moderno Túnez, fue un progresista que hizo avanzar su país por la senda de la separación de religión y política y de la emancipación de las mujeres, un poco al estilo de Ataturk en Turquía. ¿Respetará ese legado Ennahda, la primera fuerza en las legislativas tunecinas de octubre? ¿Lo ampliará, como deseaba la revolución del jazmín, hacia la conquista de la libertad de prensa y la independencia de la justicia? ¿Aceptará dejar el Gobierno si pierde los próximos comicios?
Preguntas similares pueden formularse a propósito del triunfo en las legislativas marroquíes de noviembre del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), cuyo líder, Abdelilá Benkiran, no solo cita al AKP turco como paradigma sino que hasta le ha copiado el nombre. Ignacio Cembrero lo acaba de describir en este periódico como un "hombre jovial, extrovertido, cordial, jactancioso, bromista y comunicativo". Muy lejos, pues, de la imagen severísima de Jomeini o de la actitud milenarista de Bin Laden. Benkiran, como Ganuchi, se declara dispuesto a gobernar en coalición con la izquierda.
Así que estos islamistas no son exactamente iguales a los del argelino Frente Islámico de Salvación (FIS), cuya victoria electoral en 1991-1992 fue abortada por un golpe de Estado militar, al que siguió una atroz guerra civil. El arabista Gilles Kepel explica que, tanto en Argelia como en otros países árabes, una parte de aquellos islamistas de hace ya dos décadas evolucionó hacia el yihadismo de Al Qaeda y asociados, y fueron los que protagonizaron la delirante primera década del siglo XXI. La muerte de Bin Laden simbolizó su fracaso: no habían logrado derrocar a un solo tirano árabe ni expulsar a una sola fuerza extranjera de tierras musulmanas. Por el contrario, añade Kepel, otra corriente, la mayoritaria, evolucionó hacia el compromiso con la democracia del AKP. Apoyado por Turquía y Catar, ese desplazamiento al centro, ese aburguesamiento, ha dejado a su vez el vacío de extremismo que ahora ocupan los llamados salafistas, influenciados y financiados por la Arabia Saudí.
Incluso en el seno de los Hermanos Musulmanes, la cofradía que es la madre o abuela todos los movimientos islamistas contemporáneos, el atractivo de Turquía y las pulsiones modernizadoras son intensas entre los más jóvenes y han provocado disidencias como las encabezadas por Abdel Moneim Abul Futuh y Abul Ela Madi, fundador este último de un partido llamado, ni más ni menos, que liberal-islámico. A tenor de resultados parciales difundidos ayer, los Hermanos Musulmanes, bajo la marca Partido de la Libertad y la Justicia, estarían ganando las legislativas en curso, disputándose el segundo lugar los salafistas de Al Nur y los liberales del Bloque Egipcio.
En el tránsito al tercer milenio ocurrió algo relevante: dos islamistas turcos de gran pragmatismo, Erdogan y Abulá Gül, encontraron una fórmula nueva al fundar el AKP. Dejando atrás la rigidez del partido en el que habían militado, el Refah, disuelto por los militares, elaboraron un programa que algunos califican de posislamista: adhesión a la democracia, voluntad de ingreso en Europa y promoción de la economía de mercado. La fórmula ha sido política y económicamente exitosa, aunque es cierto que Turquía tenía algo de lo que, salvo Túnez, carecen los países árabes: décadas de laicismo autoritario de Ataturk y sus sucesores militares.
El 10 de marzo de 2009, un grupo de intelectuales le remitió a un Obama recién llegado a la Casa Blanca una carta instándole a abordar sin tardanzas la democratización del mundo árabe y musulmán. Los firmantes, entre los que figuraban Francis Fukuyama, John Esposito, Saad Eddin Ibrahim y Mona Eltahawy, no rehuían el debate sobre el porvenir de los islamistas en un régimen de libertades y derechos. Consideraban "legítimo" el temor a su acceso al poder, pero añadían una reflexión interesante: "En países como Turquía, Indonesia y Marruecos, el derecho a participar en elecciones abiertas y creíbles ha moderado a los partidos islamistas y aumentado su compromiso con la democracia. Podemos no estar de acuerdo con lo que dicen, pero si queremos tanto predicar como practicar la democracia, es imposible excluir a los mayores grupos de oposición de la región de los procesos democráticos".
Al hablar de los nuevos islamistas, los puntos de interrogación forman un palmeral. ¿Son sinceras sus proclamas o corresponden a mero disimulo y oportunismo? Quién sabe, lo cierto es que, como todo en la vida, su evolución hacia un compromiso inequívoco con la libertad y el pluralismo también depende de factores exteriores.
Al final de este trepidante 2011, hay aún más razones que en 2009 para que las democracias occidentales asuman que las democracias árabes tendrán que pasar por un periodo de sarampión islamista. Lo explicaba así Edwy Plenel el 2 de febrero en Mediapart: "¿Por qué en la transición democrática del mundo árabe no puede haber un lugar para familias políticas que se reclaman de la religión dominante, tal como fue el caso, y sigue siéndolo, de los demócratas cristianos en Europa?". Y continuaba: "A comienzos de 1980, ¿había que desear la represión del sindicato Solidaridad en Polonia porque, bajo su égida, se celebraban ceremonias católicas en los astilleros de Gdansk? ¿Había que desear el mantenimiento del dominio soviético sobre Europa del Este porque su hundimiento amenazaba con liberar fuerzas conservadoras o religiosas, como así ocurrió?".
La reislamización de las sociedades árabes promovida por los barbudos ha funcionado. Ahora hay más gente practicante que en los años sesenta y setenta del pasado siglo. Y, ciertamente, la palabra laicismo allí vende mal, los islamistas han conseguido identificarla con ateísmo, vicio e inmoralidad. Ahora bien, también es verdad que los modelos teocráticos de la Arabia Saudí suní y el Irán jomeinista chií les resultan poco o nada atractivos a la gran mayoría de los jóvenes árabes, incluidos los muchos que son piadosos. Ellos quieren respirar mucho más libremente. Precisamente ahí se sitúa ese espacio que van a comenzar a explorar los vencedores de las elecciones tunecinas, marroquíes y, tal vez, egipcias.