domingo 18 de marzo de 2012

SI, SI HAY VARIOS PAPAS........


Decenas de miles de coptos lloran la muerte del papa Shenuda III

El patriarca de la iglesia ortodoxa copta falleció el sábado a los 88 años
Su muerte llega en un periodo de especial inquietud para los coptos a causa del incremento de los ataques sectarios y del imparable ascenso del islamismo
Miles de cristianos ortodoxos lloraban hoy la muerte del papa Shenuda III, patriarca de la Iglesia copta de Egipto. Tras una una noche de vigilia, hoy han acudido a despedirse de él en la catedral cairota de Abasiya, donde se ha instalado el velatorio. Shenuda III falleció el sábado por la tarde en su residencia de la catedral de San Marcos, en El Cairo. A sus 88 años, la salud del Papa de la iglesia ortodoxa copta era muy delicada desde hacía varios meses, pues padecía diversas enfermedades crónicas. Elegido patriarca en 1971, era una figura muy carismática dentro de la comunidad copta, a la que pertenecen la mayoría de los cristianos egipcios. El funeral tendrá lugar en la catedral el martes.

más información
FOTOGALERÍA: El dolor de los coptos
La actualidad sobre los coptos en Egipto
Su muerte llega en un periodo de especial inquietud para los coptos a causa del incremento de los ataques sectarios acaecidos después de la revolución egipcia, y del imparable ascenso del islamismo, que domina el nuevo parlamento democrático del país. Tras conocerse la noticia del deceso, decenas de miles de personas se dirigieron a la sede del papado para rezar, y expresar su profundo dolor.
La marca electoral de los Hermanos Musulmanes, el histórico movimiento islamista egipcio, ofreció sus condolencias al “pueblo egipcio y a nuestros hermanos cristianos”. Uno de sus líderes, Saad al Katatny, presidente del Parlamento, describió a Shenuda como “un hombre respetado por cristianos coptos y musulmanes” por su amor a Egipto y su oposición a la anexión de Jerusalén por Israel.
De fuerte carácter y convicciones, Shenuda III era una figura paternal para la mayoría de cristianos coptos, que representan aproximadamente un 9% de los 85 millones de habitantes de Egipto. Fue durante su papado que la iglesia copta nombró sus primeros obispos en América Latina, Estados Unidos, y Australia, y asumió un rol más relevante en la vida política del país.
En 1981, y a causa de un conflicto con el presidente Anuar al Sadat, Shenuda III padeció un exilio interno al ser enviado al monasterio de Wadi Natruk, en mitad del desierto. En cambio, sus relaciones con el régimen de Hosni Mubarak fueron mucho más fluidas, y el patriarca llegó incluso a apoyar públicamente la candidatura a la presidencia de Gamal, el hijo del raïs destronado el año pasado.
En la última fase de su papado, su intervención directa en los asuntos políticos del país, así como sus defensa granítica de los postulados teológicos más conservadores -rechaza la aprobación del divorcio-, resultaron muy controvertidas. Y es que la comunidad copta, al igual que el resto de la sociedad egipcia, experimenta un momento de efervescencia y cambios.
“El pacto entre Shenuda y Mubarak era beneficioso para ambos. El presidente quería poder tratar con un sola persona que representara a toda la comunidad. A cambio, y con el argumento de que pretendía proteger a los coptos, la iglesia obtenía poder y privilegios ”, explica Rami Kamel, un joven activista fundador del grupo revolucionario Jóvenes de Masbiro, cuyo nombre es un homenaje a las 27 personas muertas el pasado mes de octubre en una manifestación a favor de los derechos de los cristianos.
Nacido en 1923 en la provincia de Asiut, Nazir Gayed era el menor de una familia de ocho hermanos. Tras graduarse en Historia, y pasar por el Seminario Ortodoxo Copto, en 1954 inició su vida como monje en el monasterio de El Suryan, en el desierto occidental de Egipto. Ocho años más tarde fue nombrado Obispo de la Educación Cristiana, y Decano de la Universidad Teológica Copta Ortodoxa. A la muerte del Papa Kirilos VI, asumió el liderazgo de la Iglesia Ortdoxa Copta, y adoptó el nombre de Shenuda.
Según la normativa de la iglesia, una de las más antiguas de la cristiandad al ser fundada por San Marcos en el siglo I, el proceso de elección del nuevo patriarca puede prolongarse hasta tres meses, si bien se escogerá un líder interino durante la próxima semana. Un sínodo de obispos, arzobispos y laicos seleccionará un comité encargado de proponer una terna de candidatos. Sus nombres serán depositados en una urna, y una mano inocente, presuntamente guiada por la voluntad de Dios, escogerá el nuevo Papa.

sábado 17 de marzo de 2012

DESENCUENTRO DE CIVILIZACIONES..... ¿QUIÉN CEDE?



Rabat reacciona con mensajes contradictorios al suicidio de Amina
El Gobierno revisará las penas por violación tras el caso de la chica casada con su agresor

El ministro de Justicia se desmarca y afirma que la relación sexual fue consentida
Una menor marroquí se suicida tras ser obligada a casarse con su violador El Consejo de Ministros del jueves en Marruecos dedicó gran parte de su reunión al suicidio, mañana sábado hará una semana, de Amina Filali, de 16 años, obligada a casarse con Mustafa, de 25 años, que la había violado, pero que evitó con el matrimonio ser enviado a prisión.
Que una instancia así haya tratado el tema demuestra la conmoción que ha suscitado la muerte de Amina que tragó matarratas para por fin a los malos tratos que padecía en la casa de sus suegros, en un pueblo costero al norte de Larache, en la que vivía tras contraer matrimonio en septiembre. El debate debió de ser acalorado en el seno del Gobierno porque mientras varios ministros se solidarizaron con la adolescente, el de Justicia se desmarcó de ellos y hoy dio una versión diamentralmente opuesta.
“La joven fue doblemente violada”, reconoció tras la reunión el portavoz del Gobierno, el islamista Mustafá el Khalfi. “Fue violada sexualmente y lo fue tras ser obligada a casarse con su violador”, recalcó.
Lo sucedido “no puede ser dejado de lado”, añadió el portavoz. “Hay que estudiar la situación en profundidad y posiblemente endurecer las penas (...)”, concluyó.
Los violadores pueden ser condenados en Marruecos hasta 20 años de cárcel, si su víctima es menor, pero el artículo 475 del código penal les permite también librarse de la cárcel si aceptan casarse con ella.
Lahcen Filali, el padre de Amina, empezó por denunciar a Mustafa por su agresión sexual, perpetrada a punta de navaja cuando su hija tenía 15 años, pero el fiscal de Tánger le aconsejó que salvase el honor de su hija casándola con Mustafa. Aceptó la propuesta, según relató Filali a la web marroquí Goud.ma.
La única mujer que desempeña una cartera en el Ejecutivo, la islamista Bassima Hakkaoui, ministra de la Solidaridad y de la Mujer, compareció en televisión pública 2M para explicar que era necesario “un debate para reformar la ley”.
“La sociedad lo pide a gritos”, había dicho poco antes su predecesora en el cargo, Nouza Skalli, militante de un partido de izquierdas. Para exigirlo unas 300 mujeres se concentraron el jueves ante el tribunal de Larache, donde se celebró el matrimonio. Les acompañó Hamida, hermana de Amina, que exhibía un cartel con la foto de la difunta. Hoy la sociedad civil protestará de nuevo pero ante el Parlamento de Rabat.
Las redes sociales y la prensa independiente muestran la indignación popular. “No conozco a Amina, pero me imagino el número colosal de “Aminas” que viven o han vivido entre nosotros”, escribe en el diario As Sabah la columnista Sanaa el Aji.
Sostiene El Aji que en el Marruecos rural tragedias que acaban en suicidios de adolescentes no son excepcionales, pero no siempre trascienden porque no hay un periodista como Soulaiman Rassouini, originario de Larache, que publicó la noticia en el diario Al Massae, el de mayor difusión.
La única voz algo discordante ha sido, curiosamente, la de otro islamista miembro del Gobierno, el ministro de Justicia Mustafá Ramid. Corroboró que una comisión parlamentaria revisará el código penal, pero también aseguró que "Amina "mantuvo una relación consentida" con Mustafa. Contradice así a otros dos ministros y al padre de la menor.
Ramid ha justificado hoy además en un comunicado la actuación de fiscalía de Tánger por "tomar en cuenta el interés de la menor" al proponer al violador y a su víctima que se casasen respondiendo así a la petición de la menor. Amina confirmó en Tánger, según Ramid, y en presencia de su madre, su deseo de contraer matrimonio.

jueves 15 de marzo de 2012

LA SANGRE DE SUDAMÉRICA


Morenitos que disparan a otros morenitos


Veinte años después de los acuerdos de paz que pusieron fin a la guerra civil en El Salvador en la que murieron 75.000 personas, el país sigue emponzoñado por una violencia en la que no hay reglas de juego
La mañana del 16 de noviembre de 1983 caminaba con otros cinco periodistas por un sendero montañoso en la provincia de Chalatenango, en El Salvador. Al final del camino, tras pasar de lado una sucesión de tumbas frescas, vimos una casa de piedra con el tejado de madera destruido; al lado, una fosa recién excavada. Cubriéndome la nariz, porque el olor era terrible, me acerqué a lo que había sido la puerta de la casa. Salieron volando, espantados, 30 buitres. (Los conté después, sentados en un árbol observándonos, impacientes para que nos fuéramos.) Dentro de la casa había una alfombra blanquiza, roja y negra de restos humanos. En total, 20 calaveras.
Aquilino, un superviviente de 10 años, me contó lo que había pasado. “Los soldados nos metieron a los niños con nuestras mamás en la casa y abrieron fuego. Mi mamá cayó encima mío y su cuerpo me protegió de las balas. Me hice el muerto hasta que los soldados se fueron”. Unos campesinos nos dijeron que la matanza se había extendido por los alrededores de la casa. Nos dieron los nombres de 119 muertos. Las tropas responsables pertenecían al Batallón Atlacatl, unidad élite del ejército salvadoreño creada, entrenada y dirigida por militares de Estados Unidos con el fin de frenar el expansionismo “comunista” en el istmo centroamericano.
Este episodio fue mi bautismo de fuego en El Salvador. Volví muchas veces durante los siguientes cinco años a cubrir la guerra civil, una de las muchas entre ejércitos de derecha y guerrillas de izquierda en aquellos tiempos (pre caída del Muro de Berlín), y viví durante un tiempo en la capital, San Salvador. Hace unas semanas regresé por primera vez en casi un cuarto de siglo. Se acababa de celebrar el 20º aniversario de los acuerdos de paz que pusieron fin a aquella guerra, en la que murieron 75.000 personas, 30.000 de ellos a manos de escuadrones de la muerte vinculados a las fuerzas armadas. El presidente Mauricio Funes conmemoró el aniversario en el Mozote, otro lugar montañoso donde el Batallón Atlacatl llevó a cabo una masacre, en este caso de 936 personas —450 de ellos niños de menos de 12 años— en diciembre de 1981.

La penetración de los carteles del narcotráfico mexicanos alimenta la delincuencia cada día más
Revivir aquellos tiempos me recuerda por qué siempre cargo en algún lugar de mi ser una cuota de rencor hacia Estados Unidos; ver cómo está El Salvador hoy me consolida el sentimiento.
El Salvador sigue en guerra. No una guerra política (hoy en día las elecciones se celebran en paz), sino una guerra criminal protagonizada por las pandillas, o maras. No hay reglas de juego y el clima de miedo que vive la población es el mismo, o peor, que en los tiempos de guerra declarada. El Salvador es uno de los tres países con el peor índice de homicidios per cápita del mundo. (Los otros dos son los vecinos Guatemala y Honduras). La creciente penetración en Centroamérica de los carteles de narcotráfico mexicanos alimenta la delincuencia cada día más. La corrupción carcome las instituciones estatales y la violencia cobra tantas víctimas como cuando el régimen y la guerrilla se enfrentaban en los años ochenta. Si antes el temor de algunos era que el país se convirtiera en Cuba, hoy el miedo de todos es que se convierta en Somalia, punto de anarquía al que ya casi han llegado Guatemala y Honduras. Pero Estados Unidos, que tiene su cuota de responsabilidad en la traumática cultura de violencia que El Salvador ha heredado, y debería de vislumbrar algún interés propio a mediano o largo plazo en el destino de un país de su famoso “patio trasero”, mira a otro lado y no hace nada.
No. No vamos a atribuir todos los males de Latinoamérica al “imperialismo yanqui”, que es como atribuir todos los males de África al colonialismo europeo. Pensar así muestra una falta de respeto hacia las gentes de estos continentes, como si fueran irremediablemente infantiles, incapaces de salir adelante sin agarrarse a las manos de los papás del norte. Pero parte de responsabilidad por algunos de los males sí tiene Estados Unidos, como la tiene en tantos otros en los que ha intervenido con egoísmo cortoplacista e irresponsabilidad criminal. Cuando surge lo que Washington percibe como una emergencia, irrumpe como un elefante en una cacharrería —a lo grande, a lo bestia y con limitado criterio moral—; cuando la emergencia pasa y sus aparentes necesidades (entre ellas las electorales en los mismos Estados Unidos) han sido cubiertas, desaparece del escenario, dejando que los nativos se encarguen de los platos rotos. Como estamos viendo en Irak hoy; como pronto será el caso en Afganistán.

Estados Unidos, que tiene parte de responsabilidad en esa cultura del horror, mira hacia otro lado
Durante la guerra civil salvadoreña de los años ochenta el gobierno de Estados Unidos invirtió 5.000 millones de dólares en el Salvador, 4.000 millones de ellos (sin incluir lo que gastaba la CIA) destinados directa o indirectamente al conflicto militar. El resultado fue que entre 1980 y 1992 el tamaño de las fuerzas armadas salvadoreñas se cuadriplicó —de 15.000 a 60.000 efectivos— para enfrentarse a una guerrilla de 6.000. Washington pagaba los salarios de la tropa y los oficiales y, a cambio, 55 asesores militares estadounidenses con base en El Salvador, frustrados veteranos de la fallida guerra de Vietnam, les decían lo que tenían que hacer. Acabada la guerra, enterrada la supuesta amenaza comunista, los estadounidenses se fueron.
Hoy, El Salvador cuenta con una fuerza policial de 18.000 efectivos, de los cuales 10.000 operan en las calles. La desproporción entre la magnitud del problema y la capacidad de respuesta estatal es trágica. La desproporción entre lo que Estados Unidos gastó en ayuda militar durante la guerra civil y lo que ha aportado en ayuda policial desde entonces (aproximadamente 50 veces menos) también lo es. Washington podría ayudar hoy a crear un necesario ejército de la paz, como antes creó un ejército de destrucción, pero no lo va a hacer. Ni se le va a ocurrir.
Hablé hace unos días con un amigo diplomático que me contó una conversación que tuvo a principios de año con un alto mando de la CIA, encargado de América Latina. Mi amigo le dijo: “¿Se dan cuenta que con gastar en El Salvador en un año lo que han gastado en Irak en un día podrían solucionar buena parte de los problemas del país?”. (Estados Unidos gastó 400 millones de dólares al día en la guerra de Irak). El de la CIA respondió que le entendía, y que no estaba en desacuerdo, pero, le dijo a mi amigo: “Tú sabes igual que yo que no hay la más remota posibilidad de que eso ocurra”.
Podemos estar tan seguro de ello hoy como podíamos estar seguros cuando yo trabajaba en El Salvador de que el gobierno de Ronald Reagan no tenía como remota prioridad evitar el sufrimiento de los salvadoreños. Durante mi visita el mes pasado hablé con un viejo contacto político mío, un hombre brillante y sagaz que gozaba del respeto —y los oídos— tanto de la guerrilla como del ejército. Me contó que en una conversación reciente con un general retirado le había preguntado por qué habían matado a tantos niños a sangre fría, por qué tantas masacres. “Porque hacíamos lo que nos pedían los gringos”, le contestó el ex general.
Me lo creo porque confío en mi viejo contacto (ni de lejos un “comunista”); me lo creo porque un ex comandante guerrillero me contó que otro general le había confiado exactamente lo mismo durante las negociaciones de paz; me lo creo porque cuando yo trabajaba en El Salvador el jefe de los asesores militares estadounidenses, un coronel, se reunía con nosotros los periodistas una vez a la semana, en sesiones generalmente off the record. La idea, como en todos los contactos que teníamos con personal de la embajada de Estados Unidos, era convencernos de una colosal mentira: que la prioridad de Washington era traer la democracia y la paz a El Salvador.
Una vez un periodista le preguntó al coronel qué opinaba de la práctica del ejército salvadoreños de lanzar a la muerte desde sus helicópteros a guerrilleros tomados presos. El ex combatiente de Vietnam se quedó un tanto perplejo ante la pregunta; a tal punto de que se olvidó de su guión. “Bueno”, contestó, “solo se trata de morenitos (little brown men) disparando a otros morenitos”.
Que los salvadoreños se sigan disparando y matando hoy no interesa a los políticos estadounidenses, ni a los medios, ni al grueso de la población. El presidente Reagan, corresponsable de aquella masacre de niños morenitos de la que fue testigo en 1983, es un héroe nacional celebrado por ambos grandes partidos y la noción de que algo de culpa tengan los Estados Unidos por lo que está pasando hoy en El Salvador, de que alguna cuota de responsabilidad podrían asumir, de que incluso les podría ser útil evitar que Centroamérica se transformara en Somalia, les es absolutamente ajena.

miércoles 14 de marzo de 2012

No debemos enamorarnos del producto



"Los indignados denuncian; no pueden enunciar"
El filósofo francés Edgar Morin, uno de los autores de referencia para los movimientos de protesta social, recala en Madrid para hablar sobre la esperanza
“Es la primera vez que mis libros se convierten en best-sellers”, dice Edgar Morin (París, 1921) en el jardín de la Embajada de Francia, donde ha querido aprovechar una tarde primaveral en Madrid. Junto a Stéphane Hessel, Morin se ha convertido en uno de los autores de referencia para los movimientos que han protestado en diversas partes del mundo contra la corrupción y la degradación de los sistemas democráticos.
Pregunta. Se volvía a hablar de la ausencia, incluso de la traición de los intelectuales, y, sin embargo, Hessel y usted…
Respuesta. La palabra indignación que empleó Hessel ha servido de catalizador. En un clima general de resignación y de impotencia como el que existía, ha provocado una reacción, un despertar. El de los indignados es un movimiento interesante. No son revolucionarios, son rebeldes que representan una contestación, una protesta.
P. ¿Cuánto tiempo podrá mantenerse?
R. El sentimiento de indignación entre los jóvenes está en su primera etapa. En algunos países árabes han abatido el principal obstáculo, que eran los tiranos. El problema es que carecen de un pensamiento, de una vía para el momento inmediatamente posterior. Es lo mismo que ha sucedido en España y otros lugares. Los indignados hacen críticas justas, denuncian pero no pueden enunciar.
P. Los jóvenes árabes se levantaron contra una tiranía real; en el caso de los indignados parece más bien metafórica.
R. El contexto es diferente. En el caso de la primavera árabe los tiranos eran individuales, pero no hay que olvidar que detrás de ellos estaba la corrupción. Y es contra la corrupción y contra la tiranía del dinero contra lo que se han levantado los indignados occidentales. Es un rasgo en común que no impide advertir las diferencias.
El capitalismo no es eterno pero tampoco está muerto
P. En algunos países donde han tenido lugar protestas de los indignados han triunfado electoralmente partidos conservadores.
R. Con indignados o sin ellos, la crisis habría acabado con el Gobierno de Zapatero. El movimiento de los jóvenes debe considerarse como un síntoma, y se están acumulando múltiples síntomas de la crisis que atraviesa Europa. En Grecia, una política económica impuesta ha desencadenado una cólera que va más allá de la simple indignación. En Hungría, por contemplar otro ejemplo, está fraguando un neoautoritarismo nacionalista.
P. La crisis, entonces, no es solo económica.
R. La crisis económica se introdujo en una crisis general debida a la globalización, a la occidentalización. Es una crisis general de la humanidad. Ese era el contexto donde se desencadenó, además, una crisis económica. La gravedad de esta última no debería enmascarar la profundidad de la otra.
P. Su último libro, escrito con Stéphane Hessel, El camino de la esperanza, propone entre otras cosas la refundación del capitalismo.
R. El capitalismo no es eterno pero tampoco está muerto. Se ha transformado, consagrando la hegemonía del capitalismo financiero. Se trata de poner fin a esa hegemonía, que es la del dinero, la del beneficio, la de lo cuantitativo. En su último libro, Rocard confiesa haber disfrutado de varios momentos de felicidad en su vida; ninguno de ellos tiene relación con el dinero. Es verdad que la política no puede producir la felicidad ni el amor, pero puede establecer que merece la pena perseguir esos objetivos. El presidente de Ecuador, Correa, lo ha expresado mediante la idea del bien vivir.
P. También ha intentado cerrar el diario El Universo.
R. Tanto como he apreciado su idea del bien vivir o su intento de crear un turismo de conciencia y de responsabilidad, alejado de la banalidad, cuestiono su actitud hacia un periódico que le critica.
P. ¿Qué valor concede a las instituciones democráticas?

Hay formas de ahorrar que no tienen que ver con el despido
R. Es preciso revitalizar la democracia, recuperar la confianza de los ciudadanos en el sistema y en los cargos electos. La sensación es que se marcha en el sentido contrario. En cuanto a las instituciones, y aunque se diga que la fórmula del bienestar está agotada, el Estado tendría aún un papel que desempeñar. Podría apoyar a las empresas que persiguen un interés público, un interés socializado, cultural…
P. Pero esas políticas necesitan recursos.
R. Hay formas de ahorrar que no tienen que ver con el despido de funcionarios o medidas similares, sino que combaten la burocratización generalizada del Estado y las empresas. Es necesaria una política que contemple el conjunto de los sectores e identifique aquellos que pueden ser productores de futuro. Claro que existe el problema de la deuda, pero no podemos quedar prisioneros de él.
P. Sin embargo, una cosa es el diagnóstico y otra la solución.
R. Lo que yo escrito en La vía es un diagnóstico: si continuamos así, vamos hacia la catástrofe. La degradación de la atmósfera, el desarrollo de las armas nucleares, el fanatismo, todo esto nos conduce hacia la catástrofe. Es lo probable. Pero hay ocasiones en las que se ha producido lo improbable. No pretendo ser un mesías que anuncia la salvación, digo sencillamente que lo improbable es posible. Lo digo porque lo he vivido: en 1941, la victoria alemana parecía inevitable.
P. ¿Cómo ve usted la catástrofe?
R. No la veo, no sé decir ni cuándo ni cómo tendrá lugar, ni si serán catástrofes en cadena o un apocalipsis. Pero si un sistema no es capaz de resolver sus problemas fundamentales, o bien se precipita en la barbarie, o bien se transforma para encontrar respuestas nuevas.
P. Esa es la esperanza de la que ha venido a hablar en Madrid.
R. Una esperanza que está ligada a la desesperanza.

lunes 12 de marzo de 2012

UNA VIDA OCULTA PARA SALIR DE LA CRISIS



La vida oculta de M.

"Me prostituí durante mucho tiempo solo por las tardes”, recuerda la autora

Yo pertenecía al grupo de putas de nivel medio. No era ni de las de lujo ni de las baratas. Porque no es como muchas personas creen, que solo existe la prostitución de alto nivel y luego la esclavitud, sino que hay mucho más. Una de las cosas que he comprobado a lo largo de los años es el increíble desconocimiento que la sociedad en general tiene de cuántas mujeres se dedican a la prostitución de manera oculta, aunque lo hagan esporádicamente. El puterío es como la sombra psíquica. Todos creen que “de eso” no tienen, pero rascas un poco y en todas las familias asoma. Además, el puterío no existiría sin la sombra, y crece en la sombra.
Yo lo hice durante mucho tiempo solo por las tardes y ni siquiera durante muchos meses seguidos. No aguantaba tanto, lo dejaba y regresaba cuando se me acababa el dinero ahorrado. Otras lo hacían solo a ratos; eran las “chicas de contactos”, una categoría diferente. Otras eran putas de fin de semana; otras, de a diario durante ocho horas, como en cualquier curro de oficina. Muchas estaban casadas, o tenían familia con la cual convivían, y les contaban un cuento. Decían que cuidaban abuelos, niños, o que limpiaban, o que estaban en una agencia inmobiliaria, o... auténticas películas... y colaban. Lo dicho: esto es como la sombra. Cuesta ver esa realidad en “tu” familia (...).
En mi caso, y por lo menos en la superficie, lo que me catapultó al puterío fue el desengaño hacia los hombres, unido a una dificultad económica, en un momento en que mi proyecto de vida hizo agua. Tenía 21 años y era una chica culta, universitaria y normalita en todo lo demás. Vivía en casa de mis padres (...). Pero hoy sé que los problemas con los hombres y con mi manutención, en mi caso, eran temas directamente relacionados. Y esto nos lleva a otras razones más profundas para que yo terminara siendo puta, razones no evidentes y escondidas hasta para mí misma (...).
Tenía 30 años cuando regresé a casa de mis padres y aún tuve suerte porque me aceptaron sin poner pegas. Pudo haber sido peor; hay mujeres que no tienen adónde regresar, dónde caerse muertas un tiempo mientras intentan empezar otra vez de cero. Afronté una nueva etapa de búsqueda de trabajo e inicié nuevos estudios. Por estudiar que no quedara. Sin embargo, aún tuve que seguir trabajando de puta, aunque durante menos horas, para pagar mis gastos y mantener un mínimo de independencia. Era aceptable comer y dormir en casa de mis padres, pero con 30 años pedirles dinero para comprarme un libro, salir el fin de semana o pagarme unos nuevos estudios, pues no.
“Ya no obtenía ninguna satisfacción de mi ‘oficio’. Hasta el dinero que ganaba me daba asco. Pero no ganarlo era peor”
Aquella fue la etapa más dura, porque ya no soportaba prostituirme más y me enfermaba cada dos por tres. No veía la manera de terminar con mi situación, porque además parecía que no había modo de encontrar otro trabajo. Enviaba currículos, pero nadie me llamaba ni para decirme que no. Muchas veces llegaba hasta el lugar de mi trabajo como puta y sentía que no podía llamar al timbre. Entrar en el edificio, subir en el ascensor y encerrarme en aquellas cuatro paredes para ser follada otra vez se me antojaba insoportable, superior a mis fuerzas. Entonces daba media vuelta, me iba al parque cercano, me sentaba en un banco y tomaba aire. A veces lloraba de impotencia. Luego me enfadaba por llorar y me repetía a mí misma: “Piensa, piensa, piensa. ¿No eres tan lista? Algo se te tiene que ocurrir”.
Pero no sabía qué más pensar. Era como si mi cerebro no supiera funcionar correctamente en lo relativo a encontrar un empleo. Al final razonaba que de momento tenía que ir a trabajar de puta un día más. La jefa y los clientes me estaban esperando unas calles más allá, se trataba de no pensar tanto, era mejor ir a trabajar y dejar las reflexiones para otro momento. Al final iba. No me daba cuenta de que en realidad no “tenía” que ir más, y que lo que pasaba es que no sabía dejarlo. Toda mi estructura mental relativa a la supervivencia material estaba dañada o distorsionada desde su raíz, desde mi infancia. Por eso, aunque veía que mi vida iba mal por ese camino, no sabía cambiar. Para remate, ya no obtenía ninguna satisfacción de mi oficio. A esas alturas de mi historia, hasta el dinero que ganaba me daba asco. Pero no ganarlo era aún peor. Estaba hecha un lío.
Finalmente, conocí a una mujer terapeuta, pero desde que la conocí hasta que empezó a tratarme aún pasaría un año. Durante ese tiempo trabajaba cada vez menos y peor, porque ya no podía más. Tenía síntomas raros, médicamente no explicables, porque en las analíticas no veían nada. Cistitis crónica no infecciosa, inflamación en los ovarios, vaginitis inespecífica, vértigos, contracturas aquí y allá sin razón aparente. O sensaciones extrañas, como notar un frío gélido que me envolvía la cintura, el vientre, las lumbares. Y no se aliviaba con nada: ni con baños calientes, ni envolviéndome telas de lana alrededor del cuerpo, ni metiéndome en la cama. Me dolía todo el cuerpo, casi no podía follar, porque cada penetración me dolía como si me golpearan el cuello del útero con una barra de hierro. Sentía que perdía energía, que mi cuerpo era como un vaso rajado desde el que se escapaba el agua. A veces me sentía vieja y agotada, y andaba como zombi. Me medicaba constantemente para los espasmos musculares, las contracturas, las migrañas, las anginas crónicas, los resfriados, los hongos, qué sé yo. Estaba harta de recurrir al Gine-Canestén o a los óvulos de blastoestimulina en el coño para poder trabajar. Ya no sabía cómo era mi cuerpo en estado natural.
El colmo fue cuando empecé a tener pequeños sangrados rectales, unidos a dolores internos extraños. Sentía como si tuviera púas metálicas atravesándome el colon y me acojoné. ¿Qué cuernos me estaba pasando? Tuve miedo, no de morirme, que hubiera sido un alivio, sino de mal morirme. Porque los médicos no veían nada superficial. Debía de ser algo escondido, profundo. Tenían que hacerme pruebas a fondo en el hospital y el pavor me invadió. Me vi entrando en una espiral de médicos, pensé en tumores, cáncer, qué sé yo. No fui capaz de decirlo en casa. He aquí una muestra de la gran confianza que ha existido entre mis padres y yo. Todo lo escondí. Aparentemente yo era feliz, todo estaba bajo control, pero mi vida hacía agua.
En ese estado de pánico y agobio, al fin me entregué a las sesiones de terapia. Pensé que tal vez fuera a morir, pero al menos quería hacerlo del mejor modo posible. No quería meterme en un hospital sin más y dejar que me llevaran de aquí para allá, que todos empezaran a decidir por mí, sin haber tenido ni tiempo de detenerme, de descansar de mi vida, de revisar mi interior, de reflexionar. Entonces, gracias a la terapia descubrí... Ah, ¡no puedo resumirlo! Tengo que utilizar una metáfora. Tengo que decir que fue como en la película de Matrix. Vi. Y lo que vi, aunque me dejó KO, me hizo despertar, cambiar.
Pero ahora digamos, para acabar, que dejé la prostitución gracias a dos cosas: una, a haber cuidado mis relaciones humanas y amistosas ajenas al ambiente de trabajo, gracias a las cuales ciertas personas finalmente me ayudaron (terapeuta incluida). Dos, a haberme atrevido a ver, a elegir siempre consciencia frente a inconsciencia. Por duro que sea lo que descubras acerca de tu vida o de la vida en general, por mucho que al destapar la caja de Pandora te parezca que la realidad es horrorosa o un espanto, es mejor saber. Eso te permite afrontar el verdadero origen de tus males y dejar de odiarte; además, te capacita para entender mejor la realidad en que vivimos. De otro modo, no puedes buscar caminos de vida diferentes. Estás atrapado, como en la matrix, en inercias, programas mentales, etcétera.
Tal vez lo más difícil sea lo segundo: asumir ser conscientes, elegir siempre saber frente a no saber. No es un camino que todos deseen andar. Mi mejor amiga de la prostitución murió, en parte, porque no quiso andarlo. Le daba más miedo afrontar su realidad y pedir ayuda como puta confesa que sufrir una larga y penosa enfermedad, como finalmente sucedió.

domingo 11 de marzo de 2012

¿INQUISICIÓN?


El teólogo Tamayo “apartado”de la Iglesia
Los obispos se muestran contrarios a su trayectoria profesional
Avisan a los fieles que su conferencia en la capital palentina no está auspiciada por asociaciones católicas
La trayectoria del teólogo palentino Juan José Tamayo “le aparta de la comunión eclesial”. Así lo hace saber la diócesis de Palencia, quien recuerda que ya la Conferencia Episcopal le avisó en 2003 de que “sus publicaciones teológicas y manifestaciones públicas son incompatibles con la condición de teólogo católico”.
El comunicado de la Iglesia palentina sirve para recordar a sus fieles que la conferencia titulada Otra teología es posible, que pronunciará Tamayo el lunes en Palencia, “no ha sido promovida” por el obispado “ni por ninguna asociación o movimiento perteneciente a la Iglesia católica”.
El teólogo se ha mostrado indignado: “Me parece una injerencia en mi vida profesional y una coacción a los católicos. Qué impíos los que tendrían que dar ejemplo de piedad”, lamentó. Tamayo también hablará el jueves en la Universidad de Valladolid sobre su última obra: Otra teología es posible: pluralismo religioso, interculturalidad y feminismo.
Tamayo, que dirige una cátedra en la Universidad Calos III de Madrid dijo ayer que la Congregación de la Fe cada día se parece más a la Santa Inquisición, con su índice de libros prohibidos. El teólogo ha lamentado especialmente que esto haya ocurrido en Palencia, su ciudad natal.

sábado 10 de marzo de 2012

¿VOTO A LOS 16 AÑOS?

Por mis dieciséis años me pido votar
Los recortes en educación y la reforma laboral han sacado a los estudiantes a la calle
Políticos y expertos creen que adelantar la edad aumentaría el interés por la política
Unos minutos de charla con Jesús Guerra bastan para romperle los esquemas a aquellos que piensan que los adolescentes no se implican en política ni se interesan por lo que pasa a su alrededor. El lunes 20 de febrero, Jesús acudió a una concentración enfrente del Ministerio de Educación en la calle de Alcalá (Madrid) en solidaridad con sus compañeros del instituto Lluís Vives de Valencia. Eran 200. Él fue el encargado de leer un comunicado pacifista que condenaba la violenta carga policial a la que fueron sometidos los estudiantes valencianos. “Si pudiésemos votar, los políticos pensarían más en nosotros” explica este joven que se protege del frío con una palestina. Tiene 16 años y a su edad ya puede ponerse a trabajar. Aunque necesita el permiso de sus padres para abrirse una cuenta corriente en la que ingresar su nómina. Si quisiera formar una familia, con el “sí quiero” de su novia bastaría. No entiende por qué puede colaborar con partidos políticos desde los 14 años pero no puede elegir a sus representantes. Según la ley electoral es menor de edad.
En las últimas semanas, miles de estudiantes se han echado a las calles para protestar por la falta de profesores y por el frío en las aulas. En sus movilizaciones buscaban un responsable del Gobierno que diera la cara. Pese al ruido y el impacto social que tuvieron las manifestaciones, si se le pregunta a un joven de 16 años cuánto la interesa la política, el 30% contestaría que “poco” o el 26,5% que “nada”, frente a un 15,3% que respondería “bastante”, según indica el último informe del Instituto de la Juventud de 2011.
Austria fue el primer país de la UE que permitió el voto a los 16 años
Algunos políticos y expertos explican que el escaso interés de los adolescentes en política se debe a que no participan en la toma de decisiones. Algunas instituciones y partidos de izquierda incluyen esta iniciativa en sus programas. Otros, más conservadores, ni se lo plantean. El sociólogo Félix Moral cree que ayudaría a formar a adolescentes más críticos con su entorno. En Europa Austria y Chipre permiten a un ciudadano de 16 años acudir a las urnas, pero en España ¿están los jóvenes preparados para poder elegir a sus representantes? ¿Fomentaría su participación en la política? El Instituto de la Juventud ha escrito varios informes, pero en pocas ocasiones, se les ha pedido opinión a los auténticos protagonistas. Los menores.
En cuanto suena la campana, algunos estudiantes del instituto público Juan de la Cierva corren a la calle a tomar el sol, fumar un cigarro o repasar los apuntes para el próximo examen. Cuando se les pregunta, en la puerta, si se sienten preparados para votar, algunos contestan que sí. Que de esta manera se les tomaría en serio. Otros dudan. Después de discutirlo acaban convenciéndose de que alcanzar este derecho les obligaría a implicarse más en política. “Aunque hay mucho descerebrado por ahí suelto” apunta algún estudiante escéptico. Si el interrogante lo trasladamos a los padres, a muchos les cuesta dar una respuesta con determinación. Pilar Andújar no titubea a la hora de calificar a su hija como “muy reflexiva para la edad que tiene”, sin embargo, ve a otros chicos de su edad y “no tienen la misma capacidad que la mía”.

“Su decisión estaría influenciada por su entorno”, explica el Defensor del Menor
De adelantarse el derecho de sufragio, España no sería la pionera. Austria se convirtió en 2007 en el primer país en aprobarlo. La iniciativa fue impulsada sobre todo por los socialdemócratas y los verdes, hasta que después de una serie de debates se sumó el Partido Popular. El único partido que se opuso fue el derechista radical FPÖ. Después vino Chipre. Hasta ahora estos son los únicos países de la Unión Europea. El entonces primer ministro británico, Tony Blair planteó tal posibilidad, pero no prosperó. En el mundo hay pocos países donde con 16 años se pueda votar: Cuba, Brasil y Nicaragua. En Sudán, Indonesia, Corea del Sur y Timor a los 17. Sin embargo, ninguno de ellos se caracteriza por una larga tradición democrática. En otros, como EE UU, el derecho de voto se alcanza una vez cumplidos los 21.
Con 16 años se puede...
Tener un trabajo. La educación obligatoria llega en España hasta los 16 años. A partir de entonces los menores pueden trabajar a jornada completa.
Tener relaciones sexuales con un adulto. El Código Penal establece que a partir de los 13 años los menores pueden tener relaciones sexuales consentidas con adultos.
Tener responsabilidad penal. A partir de los 14 años. Así lo establece la Ley del Menor.
Dar el consentimiento para cualquier operación quirúrgica. La Ley de Autonomía del Paciente establece la mayoría de edad a los 16 años.
Contraer matrimonio. El Código Civil establece que los jóvenes pueden casarse a partir de los 16 años, pero también puede hacerlo a los 14 siempre y cuando cuenten con el consentimiento de un juez.
El debate sobre el adelanto del voto juvenil lleva algún tiempo instalado en algunos partidos políticos. En el último congreso, en Sevilla, el partido socialista lo volvió a abrir. “Estamos en el final de proceso, no en el inicio” explica Sergio Gutiérrez, secretario general de Juventudes Socialistas. “En nuestra legislación hay muchas contradicciones que debemos homologar. No es coherente pensar que un joven es maduro para decidir si quiere trabajar o seguir estudiando y no para que decida por aquel que quiere que le gobierne. Sería un ejercicio de responsabilidad civil”. Ante este argumento, Arturo Canalda, defensor del menor, se escuda en que “la legislación es tremendamente heterogénea y, a veces, injusta pero no creo que adelantar el sufragio crease ciudadanos más reflexivos. El interés por la política lo da la experiencia” concluye.
Izquierda Unida va más allá. El partido sí que incluyó en su programa de las últimas elecciones generales una reforma del sistema electoral que permita ejercer el sufragio a partir de los 16 años. Es una reivindicación que lleva en marcha desde la década de los noventa. El diputado más joven del Congreso, Alberto Garzón, lo tiene claro. “Es incoherente que una persona con 16 años pueda trabajar y no votar, especialmente en aspectos como la reforma laboral”, apunta desde el otro lado del teléfono. “Además ayudaría a que los ciudadanos se involucrasen antes en política y contribuiría a su desarrollo personal”. Organizaciones independientes como el Sindicato de Estudiantes o el Consejo General de la Juventud, que agrupa a 76 entidades, también apuestan por la iniciativa.

“En España se tiende a infantilizar a los jóvenes”, dice Chema Salguero
Sigue el recreo en el centro. Iván Leonard es el último en incorporarse al corrillo formado por Jesús Guerra, Alejandro Suela y Julia Sánchez, todos tienen entre 16 y 17 años. Cuando le piden opinión no duda en contestar. “No somos lo suficientemente maduros, por tanto, somos muy manipulables”, sentencia este joven que estudia 1º de Bachillerato tecnológico. El pelo del flequillo le tapa los ojos. Sin embargo, no pierde de vista todos los cambios que está sufriendo el instituto como la masificación de las aulas; el reajuste del profesorado (por ejemplo los de inglés han pasado de seis a cuatro); la rebaja del número de clases extraescolares o la supresión de los viajes de estudios.
Los que se oponen al adelanto electoral lo hacen desde la convicción de que los jóvenes entre los 16 y 18 años no tiene la suficiente madurez para asumir tal responsabilidad, por lo que su decisión carecería de autonomía y estaría influenciada por su entorno familiar. Arturo Canalda González, defensor del menor de la Comunidad de Madrid, comparte este punto de vista. A su vez es una de las ideas centrales que el sociólogo Félix Moral, del Centro de Investigaciones Sociológicas, recoge en un estudio que publicó en 2006. Resulta curioso cómo los mayores de 18, que ya disfrutan del derecho, no creen que la rebaja de edad se convierta en un estímulo para la participación política de los más jóvenes. Muy diferente, con un 53 %; a la opinión de los menores que se muestran partidarios.

Si hoy se adelantase la edad del sufragio podrían votar 861.166 ciudadanos más
Sheila Chicharro pertenece al 2% de los menores de 19 años que colabora en asociaciones políticas. Desde hace un año ingresó en las filas de Juventudes Socialistas. Este año esta “muy liada” preparándose la PAU (prueba de acceso a la universidad). Aun así, saca tiempo y colabora con el partido. Madre e hija meriendan juntas en la cafetería del centro. Sheila aparenta más edad de la que tiene. Coge carrerilla y acelera su discurso. Le interesa la opinión de su madre: ¿Crees que se debería adelantar el derecho de sufragio? Pilar suspira. “No lo considero. Igual que casarse o emanciparse a los 16. Es una barbaridad, no tienes la cabeza bien formada”. Luego, Pilar duda y suspira: “También hay mucho inmaduro con 30”. El debate queda en tablas.
¿Es el voto juvenil tan decisivo para que los partidos políticos luchen a capa y espada por los nuevos votantes? Si hoy se celebrasen elecciones generales con un adelanto del sufragio 861,166 ciudadanos podrían elegir en las urnas a sus representantes, según cifras del INE. El año pasado, el Injuve publicó un sondeo de opinión que lleva por título Jóvenes, actitudes sociales, políticas y Movimiento 15-M. En este estudio queda claro que en una escala del 1 al 4, los menores de 19 responden con un 2,37 su nivel de interés en política. Este aumenta con la edad con un 2,78 pasados los 25 años. En el momento en que se adquiere el derecho de sufragio el interés incrementa, así como se acrecienta el grado de compromiso con el sistema democrático.

Un 2% de los menoresde edad colabora en partidos políticos
A Marta Arias, directora de sensibilización y política de infancias de Unicef, le parece igual de importante que se plantee el interés del menor por la política igual que la política se interese por el menor. Desde hace 10 años, organiza un programa Ciudades amigas de los niños donde los niños y jóvenes de 10 a 16 años deciden cómo podrían mejorar sus municipios. Arias ha comprobado como los chavales se implican más en la vida pública cuando se sienten escuchados. Muchas personas tienen el prejuicio que un menor de edad no puede hacer ningún acto de forma autónoma y que adquiere la capacidad “de golpe” al cumplir los 18 años pero no es lo mismo un menor de un año, de 14 años o de 16 años alega Manuel Carrasco, profesor de Derecho de la Universidad de Sevilla que publicó junto a Javier Pérez Royo un informe sobre la capacidad de extender el derecho de sufragio. La ley tiene en cuenta este factor, y va modulando la capacidad de obrar de los menores conforme a su edad y la autonomía, conciencia y responsabilidad y ambos son partidarios de adelantarlo.
En su intervención del XVII Congreso del PP, Beatriz Jurado la senadora más joven del partido con 28 años, señaló que los jóvenes electores fueron clave en las elecciones generales. Sin embargo, en el Partido Popular “no está en la agenda la idea de adelantar la edad de voto, por tanto no queremos hablar”. A lo largo de la historia, la ampliación del derecho de sufragio, ha ocasionado toda clase de guerras y conflictos. En España el último cambio se produjo en 1978, cuando se decidió rebajar la edad a los 18 años.

Los legisladores tienenen cuenta los cambios generacionales
Entre el profesorado la unanimidad no es la protagonista. José González Roncero profesor de Informática cree que cuanto más pequeño más visceral y maleable eres, con la edad adquieres experiencia que te ayuda a crearte un criterio. Su colega Chema Salguero, profesor de Educación para la Ciudadanía y jefe de estudios no está de acuerdo. “Inconscientes los hay de todas las edades. Todo lo que sea dar responsabilidad convierte a la gente más autónoma. En otras culturas no existe una prolongación de la adolescencia como la que se vive en España. Aquí parece que interesa que haya adolescentes eternos o que no maduren nunca. Hay una tendencia a infantilizar a la juventud. Sería un soplo de aire fresco”.
Chema aún se emociona cuando recuerda una anécdota de principio de curso cuando a la mayoría de los alumnos los recortes les pilló en la piscina. “Una noche un grupo de profesores decimos encerrarnos en el centro. Algunos alumnos quisieron acompañarnos. La policía entró y comprobó que había menores de edad. Les pedimos que se marcharan a sus casas. Y eso hicieron. Al poco tiempo, regresaron con tiendas de campaña, saco y municiones para pasar la noche al raso en la puerta del instituto”. ¿Acto de rebeldía o sensatez? La conclusión de Chema es que esto “da fuerzas y es alentador”. Suena de nuevo la campana. Es hora de volver a clase. Alejandro quiere dejar claro que le gustaría que su opinión se tuviera en cuenta: me siento fuera del sistema porque este me está dando la espalda, el mismo que me ha dado otros derechos y obligaciones. Otros como Iván reconocen que el entorno no ayuda: nadie nos explica cómo funcionan las instituciones, ni tampoco los partidos políticos. Aunque está incluido en los temarios, al final, nunca llegan estas lecciones por falta de tiempo. Si eso se diera nos obligarían a pensar, a sacar nuestras propias ideas. A veces, en clase surgen debates y es ahí donde se demuestra que no tenemos la suficiente madurez.